viernes, 16 de septiembre de 2011

La muerte de un famoso extraño

Que sensación extraña me llena el alma, que insólito esto de no poder dejar de llorar cada vez que recuerdan la trágica muerte de unrostro televisivoal que jamás conocí personalmente y que es más, por el que siempre sentí algo de recelo por su forma caprichosa de ser, pensaba que se creía demasiado “el cuento” de su fama y de ser “mino”, aunque la verdad nunca supe mucho de él, nunca seguí sus pasos o programas, simplemente, decía yo, “no me vende el cuento”, ni tan lindo que es!!!!!!! refunfuñaba cuando todas gritaban por él. Raro pues es que, ahora, que falleció de trágica forma, que sus restos están desaparecidos y que el mundo entero (país) llora su partida, me sienta profundamente conmovida, y llore. Sí, lloro y con pena, con tristeza y no podría explicar por qué.

Con el partieron 20 personas, todas iban en un vuelo rumbo a Juan Fernández, una isla que fue duramente golpeada por el tsunami del año pasado, iban pues en la misión de ayudar a levantar parte de lo que aún faltaba por reconstruir y aunque también me conmueve que estas bondadosas personas hayan encontrado la muerte de forma tan violenta y sorpresiva, dejando familias doloridas y solas, me perturba de forma extrañamente particular que este “famoso extraño” desapareciera tan violentamente.

Me analizo pues, buscando en lo más profundo de mi ser, siendo completamente sincera conmigo misma y aplicando los más altos valores emocionales para encontrar una razón cuerda a esta desazón que me invade cada vez que recuerdo que este “famoso extraño” ya no está más con nosotros y no la encuentro. Pienso primero que era un rostro muy muy público, un rostro que siempre podías ver por qué, no solo era rostro de TV, sino también de grandes tiendas, y de portada de diarios y revistas, y claro ya no estará más, o quizás estará, pero siempre diremos o pensaremos… pensar que está muerto!!!.También he de reconocer que era un hombre apuesto, “mino”, joven (44 años), solitario, con plata, fama y una controvertida vida amorosa, una parcela en chicureo y una pasión insólita por los Halcones y los animales en general, un hombre con suerte, podría decirse y murió en el esplendor de su vida y fama, cuando menos lo pensaba, cuando más lleno de vida y pleno se sentía, imbuido en su fama, en una floreciente relación amorosa, en hacer cosas por los menos afortunados, sintiéndose por decirlo así “dueño del mundo” y de su vida, capaz de cualquier cosa. Sin embargo, el infortunio lo sorprendió en el aire, rumbo a una buena acción… el avión en que viajaba capoto contra el mar y con tal fuerza que se desintegro sin dejar rastro de su famosa persona. Así, aunque tenía planes, miles quizás para el futuro, que cuidaba su salud, su apariencia, que “tenía toda una vida por delante”, un accidente
brutal corto todos sus sueños, toda su vida, todo su futuro y desapareció para siempre de nuestras vidas, ya no está más y eso me conmueve, me parece increíble y me llena de una sensación horrenda de fragilidad.

Sí, por que inevitablemente pienso cuan frágiles somos, como penden de un hilo nuestras vidas, hoy estamos, mañana quizás.Por más que nos esforcemos o nos cuidemos, un cruel accidente involuntario puede sesgar nuestras vidas de pronto, sin darnos tiempo de decir adiós y peor aun dejando dolorida a muchas personas que nos aman, conmovidos y afectados a un punto que no podremos controlar. ¿Qué hacer con esta posibilidad tan real pendiendo sobre nuestras cabezas constantemente? ¿Decir “te amo” más constantemente?, ¿discutir menos y perdonar más? ¿No dejar que los problemas nos afecten demasiado porque al final mañana puede que no estemos para solucionarlos o cargar con ellos? Decir adiós cada mañana, junto a las palabras con que quisiéramos nos recordaran? ¿Qué hacer?... tratar de vivir a concho cada día porque quizás será el último?... la verdad sería un calvario estar constantemente pensando en que moriremos o que alguien que amamos puede desaparecer dentro de los próximos minutos y sin despedirse. Cruel es, pero real.Sin embargo, creo yo, lo más saludable para nuestras mentes, es obviar irresponsablemente esa posibilidad. Quizás, amar y perdonar más, ser más tolerantes y menos graves, vivir y gozar de la vidacon lo bueno y lo malo, más inconscientes de que mañana podremos no estar.

Tengo yo una esperanza maravillosa para el futuro y me esfuerzo día a día porque, no solo yo, sino también mis amores, podamos disfrutar juntos de ella y ser felices sin el cruel verdugo de la muerte pendiendo sobre nuestras cabezas. Eso me calma de cierta manera, me da algo de paz pensar que la muerte no es algo eterno, que es dolorosa, cruel pero no eterna.

Con todo, estoy conmovida, dolida, afectada por la trágica desaparición de este “famoso extraño”, por todo lo antes dicho y también simple y llanamente porque soy humana y el corazón duele con la muerte, porque no fuimos creados para aceptarla, sea la muerte de quien sea, aun de alguien que no conocemos.

Como conclusión… Sí, TENGO PENA POR QUE FELIPE CAMIRUAGA SE MURIO, tengo pena y no me mires con esa cara de incredulidad, porque como el resto del país estoy conmovida y lloraré las lágrimas que deba hasta que deje de doler ok!!!! Hasta que me acostumbre, me lo crea o lo que sea que tenga que suceder para que deje de darme pena.

viernes, 4 de febrero de 2011

Mi vida?

- Si tuvieras que contar tu vida ¿que dirías?-
Muchas ideas se aglomeraron en mi mente unas tras otras sin dar tregua ante tan inocente y retórica pregunta. Tanta historia, tanto ayer construido sobre recuerdos y mas recuerdos, todo acumulado en mi mente, dormido quizás, pero allí, listo para despertar ante esta sencilla pregunta, que probablemente no esperaba respuesta, sino solo romper el silencio molesto que se había instalado entre mi interlocutor y yo.

Ufff diría tantas cosas- respondí y en un arranque de divagación, continúe con mi razonamiento mental en voz alta, cosa que al menos sirvió para que el silencio no pesara tanto –Y, es que dime, como podría elegir solo un camino de recuerdos para narrar, por que si comienzo hablando de mi infancia inevitablemente se crearan veredas paralelas, historias ligadas a mí, no precisamente mías, pero como formaron parte de mi cuento, de mi rollo, me sentiría en la obligación de contarlas, solo como nota al margen quizás, pero contarlas. Osea, es inevitable al hablar del día en que nací, mencionar que casi mi vida se termina en ese instante, pero no puedo decir simplemente aquello, debería entrar entonces en detalles que lo explicaran y así miles de desvíos en cada paso, en cada recuerdo relevante ¿no crees?

Es probable que ha estas alturas de mi divagación, mi interlocutor estuviera vagabundeando mentalmente en su propia historia o quizás, en lo que haría o debía hacer cuando terminara la jornada. Sin embargo, respetuoso de la conversación que el mismo había instalado entre nosotros, me miro, se encogió de hombros y dijo por decir algo
Es que quizás podrías hacer un resumen, los hitos más importantes. Tal vez un nací en, crecí donde, me case con, o algo por el estilo-

-Un breve resumen!!?? – yo misma me sobresalte con lo chillona que salio mi voz. Tosi, me recompuse y guarde silencio, pensando en que, lo mas probable era, que ha mi mentado interlocutor le importara un cuerno mis 34 años de vida, la verdad solo quería romper el silencio o tal vez saber algo de mi. “Algo”, no mi historia, si no la historia publica de mi. Recompuesta respondí a su primera y gran pregunta.


- Pues entonces diría que nací hace 34 años en Santiago de Chile, que vengo de una familia modesta pero no tanto, que tengo 4 hermanos, 3 mayores y uno menor, tres varones y una mujer. Crecí tranquila junto a todos en una casa de Cerrillos, ni grande ni pequeña. Viví una infancia serena y feliz, sin mayores preocupaciones o contratiempos, seguida de una adolescencia un tanto tormentosa interior y emocionalmente, pero en resumen serena y para nada rebelde. Termine mis estudios, busque trabajo, tuve uno que otro antes del actual, en el que llevo 13 años de secretaria. En cuanto al amor, siempre fue tema para mi y apenas leí mi primera novela romántica me enamore, luego me desilusione y me volví a enamorar, sufrí, me desenamore y me enamore nuevamente. Tuve la dicha de conocer a un hombre maravilloso y de que este se enamorara de mí, nos casamos, estamos prontos a cumplir 8 años de feliz matrimonio, tenemos una hija preciosa de dos añitos Antonia José es su nombre, ella cambio mi vida, nuestra vida completamente y somos inmensamente felices, aunque con nuestros contratiempos. Y Eso… en “resumen”

Silencio
Silencio

Creo que ha estas alturas había perdido completamente la atención de mi interlocutor, que quizás arrepentido de preguntar algo que no le interesaba realmente y que jamás pensó que seria revelado en tan extenso relato, se había perdido en sus propias divagaciones.

Y allí me quede ensimismada, pensando en mis nada menos que 34 años de vida, en las miles de cosas que me han pasado, en lo mucho que me gustaría contarlas a alguien que realmente le interesara, claro esta. En mi infancia remota ya, en aquel primer noviazgo fallido, en mi primer beso, en el hermoso amor que llego a mi vida, en mi matrimonio, en mis bebes idos, en mi embarazo, en mi Antonia José, en la pega y como se deterioraron las cosas en ella. En la relación compleja con mis hermanos, en mis amigos, los queridos, los pasajeros. En mis vacaciones, en los hermosos lugares que he recorrido, en mis penas, en mis alegrías, en mis esperanzas, en mis sueños, en resumen en mi vida, hablar de mi vida, contar mi vida.

El silencio se instalo definitivamente entre nosotros, pero ya no fue incomodo, por que ambos estábamos perdidos vagabundeando en nuestras mentes.

lunes, 24 de enero de 2011

El empeñado... ella resignada

Desde hacia un buen rato que luchábamos por que Antonia se quedara dormida, habíamos probado todas las técnicas conocidas y efectivas con ella, pero se resistía caprichosa y juguetona, mas nosotros continuábamos batallando, buscando que entrara en ese profundo estado para tener "nuestro momento", pero nada resultaba. Llego el turno de "Papito", quien tiernamente la tomo entre sus brazos, susurrándole frases cariñosas e instándola ha dormir, ella se acomodo regalona en su hombro y con su bracito pequeño se aferro al cuello de papito, cerrando los ojos juguetona, fingiendo dormir. Papito le comenzó a cantar su canción favorita al oído, suavecito, deslizándose por la casa en un tierno y suave vaivén... escuchaba yo desde el sofá los pies descalzos de mi esposo deslizándose y el susurro de la dulce canción. Sin embargo, luego de un rato sentí silencio, un silencio desconcertante, ya no se oía a Papito cantar o a mi hijita reír o reclamar, nada. Me levante silenciosa desde el sofá y fui buscándolos hasta el dormitorio, allí los encontré... acurrucada en su camita mi pequeña, medio adormilada y tratando por todos los medios de complacer a Papá quedándose dormida, mientras Papito, empeñado, estaba tendido junto a ella, acariciándole la cabeza, susurrándole dulces palabras, instándola a dormir.


Que escena mas dulce se presento ante mis ojos, y por un instante quede muda de emoción, prendida de ese amor incondicional... Papito empeñado en que la pequeña se durmiera, la observaba y acariciaba lleno de amor y con casi adoración, y ella en dulce resignación y franco empeño por complacerlo, cerraba sus ojitos adormilados de cuando en cuando, sin emitir ninguna queja aun cuando no podía entrar en el profundo estado deseado. Otras veces se había dormido con el solo cantar de Papito, pero hoy ansiaba un poco de Mamá, y sospechando esto y solo por eso, me atreví a interrumpir esta tierna escena, reemplace a mi esposo en el espacio junto a la cama, le puse mi pecho al que ella se asió ansiosa y en 2 minutos dormía profundamente, sosteniendo aun el dedo de su papito “nindo” y amado.


Dulce trabajo de dos fue aquella noche dormir a nuestra dulce pequeña y mientras ella dormía profunda y cómodamente en su cama, pudimos disfrutar de una botella de buen vino y ese momento nuestro tan escaso estos últimos tiempos.

martes, 18 de enero de 2011

De brazos cruzados con la culpa

Sentada en el comedor, con las manos cruzadas sobre la mesa, observando silenciosamente a mi alrrededor me pregunto mentalmente ¿Y ahora que hago?. La niña se durmio hace un rato y esta metida en su cunita comoda y segura, ya planche la ropa que necesitaremos el fin de semana, hoy hice un aseo profundo por lo que todo se ve pulcramente ordenado, lave la loza de la once y en general esta casi todo en su sitio... repaso mentalmente mis tareas, mientras mis dedos involutariamente golpetean contra el comedor y sigo de manos cruzadas sobre la mesa. Mi esposo navega hace un rato por el ciberespacio tranquilamente y ya intente sentarme a ver algo en la tv, pero por un lado no hay mucho que me apetesca ver y por otro, de un tiempo a esta parte me he acostumbrado a ver television solo cuando la niña se adormila entre mis brazos o cuando quiere jugar a alguna cosa y yo pongo algun programa para mirar de cuando en vez, si no lo considero una real y enorme perdida de tiempo. En fin, la niña dormida, mi esposo en sus cosas, la casa en orden y ¿ahora que hago yo? Pienso en ir a recoger las cosas que Antonia dejo tiradas en su dormitorio... mmm... repaso mentalmente las cosas que estan pendientes y pienso si quizas deberia adelantarlas, entrar la ropa y doblarla o cualquier tarea domestica pendiente, pero no me animo completamente, ¿por que utilizar este tiempo de ocio en tareas domesticas? por que no usarlo en MI... en MI? y quien exactamente es ese MI al que deseo otorgarle estas horas de nada, y es que con este ansiado y reclamado tiempo libre a mi disposición simplemente no se que hacer, mas que llenarlo de las tareas y mas tareas domesticas y cuando se acaban me quedo en medio de la nada y de brazos cruzados. Me pregunto si a todas nos pasara lo mismo, esta cosa extraña de perderse en las necesidades de otros, a tal nivel de que si esos otros no precisan de ti, te quedas en una pausa llena de incertidumbre, preguntandote que diablos hacias antes de ser esposa, antes de ser madre. Mis aficiones siguen siendo basicamente las mismas, me gusta mucho escribir, pero solo cuando puedo ausentarme un segundo de mi rol de madre logro hacerlo, como ahora que lucho para que mi esposo se haga cargo un segundo de la pulguita. También me encanta leer, pero el tiempo escasea y solo lo hago en la locomocion colectiva de regreso a casa, asi aprovecho un tiempo perdido, esa hora es toda mia para sumegirme en mis libros amados. Es decir, sigo teniendo aficiones y gustos, el problema es que LA CULPA de las cosas pendientes que me persigue, me acosa, me señala con el dedo invisible de lo que debe hacerse, y me impide desarrollar ese MI. La culpa, la culpa que me impide cerrar la puerta del baño, "no vaya a ser que alguien me necesite mientras pierdo el tiempo aqui sentada" Ja.
Me admira (de buena manera) que mi esposo pueda simplemente sentarse frente al notebook y perderse en el ciberespacio sin rumbo fijo, por que siempre que le pregunto ¿en que estas? me mira con cara de extrañesa y me dice en Na', por que la verdad solo esta quemando ese tiempo que por derecho le esta otorgado en algo que disfruta simplemente por disfrutar. Mientras yo sentada en el sofa, durmiendo a la bebé pienso desesperada en todas aquellas cosas pendientes que podria estar haciendo y casi me siento culpable de perder este valioso tiempo... pfff



Que virtud la masculina la de no sentir culpa, la de no permitir que ese bichito espantoso les arruine sus goces, goces que sienten ganados por derecho y que nadie puede negarselos o arruinarselos. Comen miles de calorias en una sentada sin nada de culpa, duermen sin culpa, van al baño sin culpa, pierden el tiempo en cualquier idiotez sin culpa, y es mas se urgan la nariz frente a nosotras sin ninguna culpa y anda tu mujer, acostumbrada a sentirte culpable, a tratar de introducirles la culpa, NO te lo permitiran jamas, te miraran con cara de pocos amigos, se encogeran de hombros y emitiran algun gutural comentario inentendible y te dejaran callada. ¿Por que se nos nego esta virtud? ¿Por que a ellos se les permite vivir la vida sin autoflagelarse por nada? Al fin y al cabo, si cometen algun error, si engordan un poco, si beben mas de la cuenta, si llegan atrasados por no prestarle atencion a su despertador, siempre SIEMPRE habra cerca una mujer a la que cargar con la culpa, a la esposa, a la madre, a la amiga...

Creo que ire a recoger las cosas de Antonia mmm si eso hare.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Las Animitas camino a casa


Nace una "Animita" por misericordia del pueblo en el sitio en el que aconteció una "mala muerte" -Oreste Plath-.
“Una animita es un lugar de veneración […], construcciones que recuerdan de un hecho trágico en espacios públicos.”
Tema delicado al que oso referirme hoy, mas, me es imposible detener mi mano y mis pensamientos. Semana tras semana, de regreso a casa, observo tristemente como en la extensa y sinuosa “Matucana”, se alzan silenciosos muchos de estos altares al dolor, y sin poder evitarlo, al ir recorriendo este sendero que me lleva con los míos, con mis amores, me pregunto quienes son los que vieron su vida interrumpida violentamente en este lugar sombrío. Me pregunto también por aquellos, que en su dolor y desesperación, buscaron consuelo alzando esta “animita” en el lugar preciso donde su “amado” cerro los ojos para siempre, dejando así un testimonio publico de su doloroso adiós. Bien se yo que ningún alma vagabunda o en pena reside en ese altar, y que, quien halla perdido su vida, por muy trágica que fuese su muerte e injusta, ya tiempo hace que descansa sereno, sumido en un profundo sueño esperando, quizás, por un llamado Divino. Mas no puedo pasar por alto la historia que se gesta en este “santuario” a la pena, historia lúgubre de violencia y desesperación, vida arrancada, truncada e historias inconclusas, marchitas, perdidas. Imagino familias desbaratadas, madres perseguidas por la pena, hijos dolientes y abandonados, esposos abatidos, viudas atribuladas, pena, dolor, lagrimas, desaliento… pienso también en sus verdugos, criminales comunes cargados de maldad o pasionales verdugos de mente alterada, o los infortunados e imprudentes conductores que siegan una vida y arrastran la culpa eternamente. Veo, palpo, siento el dolor, en cada vela, en cada adorno polvoriento que resguarda la “animita”. Existen muchas abandonadas a la deriva del tiempo, invadidas por los años, por la maleza y por el polvo; otras arrancadas de su sitio, pero respetuosa y supersticiosamente dejadas a la orilla del camino, olvidadas por siglos, mudas testigos de una vida truncada, deshecha, extinta. Otras lucen adornos recientes, velas siempre encendidas, flores con aguas limpias y al pie una banquita donde el deudo doliente se sienta, quizás, de cuando en cuando ha recordar, deseando tal vez sentir palpitar el amado corazón, mirar las ultimas imágenes que sus ojos vieron, tratando de percibir en el ruidoso ir y venir, el ultimo suspiro de los labios amados. Imagino y casi puedo palpar en mi corazón la terrible sensación que se debe experimentar al pisar esa vereda, ese sendero, donde los pies amados caminaron por ultima vez, sendero de perdición que miles recorren sin cegar tan funestas consecuencias. Dolor y mas dolor, y en muchos casos violencia sin nombre, locura, demencia desenfrenada que arranca una vida para vengar quizás que pensamiento inexistente y descabellado. Se deja un testimonio, una ofrenda a esa pena sin nombre, a la locura, al infortunio.
Suspiro en medio de tanta tristeza, y sin quererlo mas de una vez me inclino a leer fechas e inscripciones y mi corazón se acelera y mi imaginación vuela tras la historia secreta que encierra ese altar… son 8 o 9 las que cuento camino a casa, cada día las observo de prudente distancia; pero son tantas las que pueblan nuestras extensas carreteras y avenidas, tantas que no puedo ya llevar cuentas, y hay otras tantas escondidas en parques y bosques, que la gente a convertido en “altares de santos” venerados, nada más que por lo trágico de su adiós, pensando que la sangre inocente lava culpas ajenas y la superstición las convierte en lugares de peregrinación mítica y mas de alguno dice que le curo de algún mal o de alguna pena, y le dejan un regalo o una placa y se olvida al doliente, al que alzo aquel altar para dejar fluir su pena, para tener un lugar donde llorar y palpar las últimos respiros de su “amor”.
En fin “nace una "Animita" por misericordia del pueblo en el sitio en el que aconteció una "mala muerte"” pero díganme, ¿existe acaso una buena muerte?

lunes, 15 de noviembre de 2010

Espejismos

Nuevamente el terror se apodera de mis sueños, el desconcierto y la calamidad me rodean, prisionera estoy de mis fantasmas, en un espejismo tan real que duele y del que no hay escapatoria. Me dejo llevar y lentamente voy sumergiéndome, hundiéndome en el lodo de mis pesadillas.
Una catástrofe de grandes e ignoradas proporciones, ha dejado al país devastado y en caos, vivimos confinados en nuestros hogares, por miedo a los malvados que acechan sin piedad. Estamos imposibilitados de conseguir dinero, el alimento escasea y los hombres, arriesgando sus vidas, se ven obligados a salir al caos y oscuridad total, para buscar algo con que sostener a sus familias, veo con angustia salir de casa a mi esposo, a mi padre, a mis hermanos, veo a mi pequeña pasando hambre y a mi misma vestida de harapos. Estamos todos concentrados en una casa, la que sobrevivió a la catástrofe, allí con mis cercanos pasamos penurias y dolores, siento el miedo y la desesperanza instalados en medio de mi pecho, tanto que duele. Veo las ruinas de la ciudad, veo dolor, palpo la angustia y sufro. Se suceden imágenes espantosas, unas tras otras y no se si las veo desde lejos o estoy prisionera entre ellas. Angustia!!!

Despierto dolorida del alma, y siento alivio de descubrirme en la cama junto a mis amores, con ternura y cuidado, acomodo a mi pequeña que esta atravesada en su cama, le cubro la espalda a mi amado y me acomodo para seguir durmiendo, feliz de haber abandonado mi pesadilla cruel. Pero, sin quererlo, sin sospecharlo, me sumerjo en las mismas angustiantes aguas del espejismo recién abandonado, pero ahora soy yo la que debo recorrer la ciudad en ruinas buscando comida, dinero, agua… me veo vistiendo a mi pequeña, despidiéndome y reconfortándola y abandonando la seguridad de mi hogar, dolorida; junto a mi esposo recorremos calles atestadas de gentes en harapos y desoladas, buscando, al igual que nosotros algo que comer, me duele pensar en que mi niña esta esperándome sola en casa y me agobia, aun mas, que este pasando hambre, caminamos, caminamos y buscamos sin encontrar jamás el ansiado alimento, siento pánico.

Mi sueño da un nuevo y extraño vuelco, algo ha sucedido, la calma y seguridad ha vuelto a la ciudad, ahora veo a miles que vuelven a sus hogares y nosotros también, tranquilos y felices de retomar nuestras vidas, siento al fin paz y creo que ha acabado el dolor. Más solo he mudado una pena por otra, Cristian, me dice que ahora que ha vuelto la paz, me deja!!! Simplemente se marcha en busca de nuevos horizontes, no lo puedo creer, el dolor me atraviesa y la rabia me deja sin habla. Lo amenazo con quitarle a la hija, con que jamás volverá a ver a Antonia, primero grito furiosa, luego amenazo con rabia. Nada lo inmuta, esta decidido e incluso siente que será lo mejor para todos el alejarse completamente de nosotras. No lo puedo creer, le recrimino miles de cosas y al final lo obligo a firmar un documento en que renuncia a su amada hija, solo esperando que con esto reaccione, pero no es así y acude a despedirse de nosotras. El dolor es inmenso, me dobla, me desespera, quiero retenerlo y lo abrazo fuerte, apelo a sus recuerdos, a mis besos, a sus nostalgias, pero nada. Me abraza tierno, siento su calor y duele aun mas este abandono y la idea de una vida entera sin ese calor. Le ruego que se quede, ahora con lágrimas y sumisión, pero él, sereno, se desprende de mí, me arranca de su seno y se aleja. Entre sollozos le pido que se cuide y que vuelva a nosotras cuando desee…

Despierto… él esta apegado a mi espalda, me abraza abandonado a su sueño, siento ese calor dulce y conocido que me acompaña cada noche, cada amanecer, mas allá en su cunita duerme mi pequeña tomada de mi mano, serena y feliz… la bruma de la pesadilla se disipa, me abandono a este amor y siento paz.
Amo!!!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Página en blanco...

Y ahora tengo tiempo, más me falta la consabida y anhelada inspiración, las ideas se me hacen esquivas y al final de tanto mirar la página en blanco veo puntitos flotando a mi alrededor. Miles de temas dan vueltas en mi cabeza, pero las ideas no se ordenan y nada bueno brota, mis manos ansiosas detenidas sobre el teclado, la mirada clavada en la pantalla ausente y nada, NADA... golpeteo los dedos en el escritorio esperando que por mágica combustión me invada una ola de inspiración y mis manos corran por el teclado, pero no sucede nada. ¿Será que ha mi vida le falta guión, aventura, suspenso? ¿Será que me he subido a los rieles de la temida rutina y eso me ha robado la inspiración? Repaso el día a día, esta rutina mía, que es casi metódica, que me acondiciona y a la que he acomodado mi mundo.

... Amanecemos en un nudo compacto los tres en la cama matrimonial, demás esta decir que siempre renegué contra esto, pero en fin… cuando no duerme derechamente con nosotros toda la noche, a las 5 am en punto, la pulguita “salta” a nuestra cama y se queda entre nosotros apretujada y feliz, yo la recibo dichosa, me encanta ese calorcito que emana de su diminuto cuerpo, ese aroma a bebe y leche agria, no me importa que me orille en la cama, que se acomode con el potito parado o que le robe la cabecera al papá, todo por disfrutar de esa ternura suya y de su entrega incondicional. El despertador reclama en el velador a las 06:00 am y lo hará cada 10 minutos y siempre la mano de mi amor lo apagara sin conciencia alguna. A las 06:30 es mi obligación despertar a mi amado, para que, rezongón, se lance fuera de la cama, me quedo remolona unos 15 minutos mas, abrazando a mi porota, tratando de absorber toda su paz, todo su amor. Cuando escucho que mi esposo sale de la ducha, me obligo a abandonar ese trocito de cielo junto a mi pequeña y comienzo mi día, la ducha, la crema y demases, ver si esta todo en orden, las cosas de la niña, su ropita, sus juguetes, todo en su lugar, luego el maquillaje, la ropa y esperar a mi Madre… siempre rogando que la porota no se despierte, porque si lo hace el cuento es otro, la tomo en mis brazos, le doy pecho, trato que vuelva a dormir, si no el adiós será triste y me iré con el corazón roto. A las 08:15, salgo corriendo de la casa, me lanzo escalera abajo, corro, corro, saludo al guardia, ese viejito simpático que esta enamorado de mi madre (ja, otra historia) y sigo corriendo hasta la parada de la locomoción, espero, espero, subo, marco, me bajo, espero, subo, marco, corro, cruzo la alameda, me subo al colectivo, me bajo, corro, estoy en la oficina, prendo el computador, reviso mi correo, el de la empresa, imprimo, leo, actualizo, reviso, desayuno a las 09:30, vuelvo al escritorio, trabajo, cada una hora llamo a mi madre, si no me llama ella, para saber de mi pulguita y no es obsesión o que me preocupe que le pase algo, es solo que la extraño mucho y escuchar su vocecita de fondo me llena de energías y fuerzas para seguir. 14:00 almuerzo la asquerosidad del día y a las 17:15 pm, cierro todo, voy al baño y antes de las 17:30 ya voy saliendo de la oficina rumbo a mi hogar. Los 45 minutos que me demoro en el micro hasta la casa, los ocupo en leer un buen libro, el de turno es el “Conde de Montecristo” por segunda vez. Paso a comprarle las “gomitas” a mi porotita y llego a casa casi corriendo a eso de las 18:30. Allí esta ella, junto a su “Tatita” y su “Yaya”, feliz jugando, corre, me abraza, me da besitos y me pide “tetita” o “gomitas” según el humor del día. Los Tatas se marchan y nos quedamos allí las dos en nuestro mundillo, conversamos, le pregunto por su día, ella me mira divertida “bem” me dice cuando la interrogo sobre su comportamiento, amo!!! Me grita y se pega a mi pecho ansiosa. Así, entre charla, Tv y gomitas, da la hora en que llega Papá, ella corre ansiosa a sus brazos, lo saluda y le roba el dulce prometido, con mi amor charlamos del día, de la oficina, de los problemas varios, todo mientras preparamos la once, pronto estamos los tres en la mesa comiendo y viendo Tv. Luego ordenar, preparar las cosas para el otro día, jugamos algo con la niña, planchar y el baño entre “gobos” de la hijita, se viste con el pijama de turno y se niega a dormir. Al fin nos sentamos a ver algo de tv o charlar o un masaje por acá, unos cariños por allá, hasta que el sueño rinde a la pulga y cansados nos arrastramos a la cama. De lunes a viernes esta es mi rutina ¿Fome, agotadora, monótona? No lo sé, pero me acomoda y si puedo robarle al tiempo unos minutos para pasear con mis amores por el jardín y disfrutar de una noche estrellada me siento aun mas completa y en paz.

Sin embargo, la inspiración sigue sin venir y me resigno a cerrar esta pagina en blanco otra vez.

lunes, 25 de octubre de 2010

Pesadillas

Algo extraño sucede, un virus o algo parecido esta invadiendo el mundo, no tengo percepción si es solo en mi país, mi ciudad o a escala mundial, pero siento instintivamente que el mundo tal cual lo conocemos esta a punto de desaparecer. No tengo claro que es, solo la sensación alarmante de que debo escapar y lo mas pronto posible y aunque no sé adónde, algo me dice que encontrare un lugar seguro mas allá. El tiempo apremia, debemos correr, tomo a mi pequeña y unas cuantas cosas indispensables y junto a mi esposo, echamos a correr desesperados, sin rumbo fijo, solo con la claridad de que debemos salir fuera de los limites de esta pequeña ciudad... corremos, corremos desesperados. Me encuentro con mi hermana que desesperada va por sus hijos al colegio, quiero que venga con nosotros, pero no podemos desviarnos, no podemos esperar, tenemos que pensar en la pulguita, con dolor nos separamos. Nosotros seguimos corriendo siempre conscientes de que algo, no sé que, nos pisa los talones, mucha gente corre a nuestro alrededor y eso me infunde aun más angustia y alarma, y corro, corro, corro desesperada, cargando a mi pequeña, sin mirar atrás.

A lo lejos se siente una enorme explosión, nos volteamos y con consternación descubrimos que la ciudad ha desaparecido en una enorme bola de humo. Han tirado bombas sobre la ciudad, seguro, para matar a los portadores de tan terrible mal. Seguimos corriendo, Cristian me muestra unas montañas silvestres y me dice que ahí esta la seguridad anhelada, nos adentramos en bosques espesos, siempre corriendo, siempre huyendo, recogiendo a nuestro paso cosas que nos parecen útiles, fruta, frazadas. Siento que llevamos horas corriendo, estoy cansada y ha punto de darme por vencida, pero Cristian me alienta, me muestra un pequeño claro y me dice que estamos próximos... le creo y sigo corriendo junto a él.

Llegamos a una casona en medio de la nada, extrañamente nos recibe un compañero de trabajo de mi esposo, nos da asilo, nos cuenta como van las cosas, el mundo entero es un caos, todos escapan a los campos, las ciudades han sido invadidas por una especie de “monstruos” portadores de un aterrador virus, las autoridades han bombardeado las ciudades más grandes, decenas, miles, millones de muertos, que dolor, pienso en los míos y lloro ¿dónde estarán? ¿habrán conseguido huir?...

Mucha gente desconocida, deambula por esta casa enorme, nos instalamos en un cuartito con mi pequeña, descansamos. De pronto, a lo lejos escucho la voz de mi hermana, salgo a su encuentro... es ella, nos abrazamos, esta a salvo junto a su familia. También llega mi padre, pero solo, le pregunto ansioso por mi madre, dice que estaba en casa y que no alcanzó a llegar donde ella antes de la explosión, pero ahora va ha volver por que le dijeron que aun quedaban sobrevivientes en las ciudades y esta decidido a ir por ella. Le sigo, me despido de mi hijita que me mira asustada y de Cristian, tengo que volver, no sé por que, siento que puedo encontrarla, me siento en la obligación.

Nos alejamos de la casona, y con ella de la seguridad y nos adentramos en un mundo de horror, mas allá de ese denso bosque todo es caos, gente muerta por las calles, mucho humo, destrucción y terror. Corremos desesperados, llamando a gritos a los nuestros, entre ruinas y cadáveres, buscamos a Fernando, a Pablo a José Luis y a mi Amada Madre. Ruinas y mas ruinas, caos, pavor... me invade un miedo maquinal que no logro dominar, solo corro, corro sorteando miles de obstáculos aterradores.

Cambio de escenario sin darme cuenta, a ratos voy por una carretera, luego estoy en una ciudad, y también en un barco donde encuentro un pequeño “tigger” que recojo pensando en mi pequeña, atravieso, asimismo, ríos y mares furiosos y oscuros, en uno de ellos, nos topamos con una pequeña isla de pasto y basura, sobre ella una carpa y dentro mi hermano Fernando con sus dos niños, la isla flota en aguas turbias y violentas, Fernando sostiene una escopeta en la mano y tiene un rostro extraño de pavor y determinación de defender a los suyos a como de lugar. Le pregunto por la Fanny (mi cuñada), no sabe nada de ella, él estaba en casa con los niños cuando paso todo y ella en el trabajo, piensa que esta muerta pero no quiere moverse de ese horrible lugar por que supone que ella iría por ellos allí. Le insto a que nos siga, no quiere, nos alejamos junto a mi padre, los veo diluirse en una espesa niebla, se me oprime el corazón, lloro, y sigo corriendo. Mas allá de seguro esta mi madre y es a ella a la que deseo llegar con desesperación, para poder reunirme otra vez con mi pequeña familia. Al paso nos sale gente con armas, que nos amenaza sin razón, todo esta en caos, las tiendas saqueadas, las casas destruidas, las personas lamentándose y nosotros continuamos en nuestra carrera frenética en busca de esa persona tan importante. En medio de la locura, vislumbro una tienda de zapatos, que tiene rota su vitrina, me agacho y recojo unas “chalitas” rosadas, hermosas, pienso en las patitas de mi niña hermosa desnudas acaso y me las echo al bolsillo, me siento culpable; pese al caos que reina, mi conciencia me acusa, pero no renuncio a ellas, no puedo dejar de imaginármelas en los piesesitos amados de mi Antonia.

Seguimos mas allá, entre ruinas, hasta que damos con el barrio. La villa esta en devastada, las casas en el suelo, algunas incendiándose, otras completamente destruidas, pero unas pocas, aun están en pie, y esa es nuestra esperanza, no permitimos que esta destrucción nos desanime, seguimos internándonos entre ruinas, nos metemos por los patios. Sin notarlo damos con la casa de Sara y sus padres, que extraño, su casa esta intacta o casi, la verdad le falta el techo, entro, nos unimos en un estrecho abrazo, que feliz me siento de verla viva a ella y su familia. Me cuenta mas detalles, el virus es mundial, pero ellos no quieren dejar la casa. Mi papá sube al baño, quiere ducharse, y aunque me parece extraño, me siento a esperarlo, repentinamente presiento algo malo, la casa no esta bien, le pido que baje, algo me dice que debemos escapar. Huelo gas... gas??? Papá gritó, baja, baja ya!!! Corrimos hacia fuera, la casa explota, quedamos tendidos en el piso, vivos pero a mal traer. No importa, debemos continuar, queda poco. Seguimos en nuestra delirante carrera, corremos, corremos hasta al fin llegar a casa de mis padres. Con pasmoso temor, abro la puerta y ahí esta mi madre sentada en el living, como esperando, tiene unos bolsos listos, comida, cosas que solo una madre como ella puede considerar. Mis padres se abrazan, y echamos a correr nuevamente en busca de los nuestros mas allá, en el bosque.

Agotada, sudorosa y asustada, recibo la mañana salvadora, junto a mi amor y mi dulce pequeña. Me doy cuenta que otra vez el terror invadió mis sueños.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Bajo tierra...

Encerrados en fondo oscuro y húmedo de la tierra esperan a que vengan por ellos. Silenciosos, taciturnos, temerosos del incierto futuro que se ha cernido sobre sus cabezas. Puede que mañana mismo desbloqueen la salida y puedan ver el sol brillar, puede que en un par de semanas den con su paradero y consigan arrancarlos de las entrañas de la tierra caliente, pero de igual forma es posible que se cansen de buscar inútilmente, y aunque están seguros que habrá quienes clamen por su vida e imploren por su rescate, también sospechan que pueden ser abandonados allí, en ese espacio exiguo, caluroso y oscuro, bajo metros incontables de tierra maciza y roca, cautivos, sepultados vivos.

Ellos saben que allá en la superficie se escribe su destino, y solo ruegan misericordia y esperan... esperan callados mientras en sus cabezas danzan, al son de la desesperación y la incertidumbre, miles de ideas y pesadumbres, en sus gargantas se encuentran atoradas las palabras que no dijeron a sus seres amados antes de partir rumbo a la faena, aquel te amo mezquino que siempre se niega a salir de los labios, aquella caricia esquiva, aquel perdón pendiente... pero quien iba a pensar que en fracción de segundos el cielo se iba a cerrar sobre ellos.

Como todos los días, habían abordado el camión que los conducía hasta las entrañas de la tierra, como todos los días habían tomado sus herramientas y cada cual se había dado a la tarea de arrancarle a la tierra sus preciosos metales, como todos los días pasaban sus horas sumergidos en las profundidades... hasta que todo se derrumbo sobre sus cabezas, dándoles el tiempo escaso de huir aun mas profundo, internándose desesperados en busca de seguridad y para cuando todo se hubo calmado, cuando la tierra se hubo asentado, solo había oscuridad y silencio... es verdad que trataron de desandar sus pasos, de buscar una salida, pero solo dieron con roca dura y oscuridad.
Tratan de no perder las esperanzas, de rato en rato, rompen el silencio con palabras de aliento, con palabras de esperanza, se pasean y se golpean las espaldas, tratando de reconfortar y reconfortarse pero, cuando las horas avanzan y el silencio los envuelve cada vez mas amenazador, piensan involuntariamente si sobre la tierra los habrán dado por muertos y los dejaran sepultados allí, en ese hueco húmedo y oscuro, y se preguntan, cuanto tiempo pasara antes de que la locura se apodere de sus mentes; ahora son todos camaradas, compañeros de labor y de desgracia, pero cuando la comida y el agua comience a escasear ¿serán capaces de mantener ese compañerismo desinteresado? Se miran involuntariamente recelosos, pensando quien cederá a la desesperación primero, si aquel mas joven muchacho, nuevo en estas faenas, no acostumbrado al aire denso y la oscuridad punzante, o aquel “viejo” de años de experiencia, pero de pulmones cansados y enfermos de tanto respirar este aire árido.

Y esperan a 700 metros de profundidad, se rearman, se organizan, se acomodan y esperan, durante 17 largos días simplemente esperan...

miércoles, 30 de junio de 2010

Esto es vida!!!

 Me tiene cansada todo esto... no sé que especialmente o por que particularmente hoy, no ha sucedido nada extraordinario (quizás sea eso mismo) Las mismas caras de siempre, los mismos problemas, todo intacto, como si el viernes hubiera puesto pausa y hoy play... ningún desafío, si no la misma rutina de hacer esto y aquello que poco aporta a nada o a nadie. El teléfono que suena sin cesar, mis superiores que quieren esto y aquello, irrelevante por lo demás y yo pensando en mi bebé hermosa que me extrañara al despertar, que esta en casa, calientita junto a su abuelita y de seguro al abrir sus ojitos dirá “máma” y su “Yaya” le dirá, no la máma no esta, anda trabajando y ella se conformará por que así son los niños y seguirá su día junto a esa abuela que tanto ama. Y yo seguiré aquí, atrapada con personas que me importan nada, ocupada en cosas insignificantes, contando las horas que faltan para regresar a mi hogar, sintiéndome miserable, frustrada y hasta quizás, un poco fracasada. Y es que en aquellos años en que la vida esta entera frente a ti, sueñas, piensas, crees, que te espera un futuro brillante, lleno de aventuras y desafíos, que con tus fuerzas e inteligencia te basta para conquistar el mundo, que llegaras lejos, cuan lejos desees, aunque a decir verdad, no tienes para nada claro adonde quieres efectivamente llegar. Y unos 15 años después, la realidad te golpea con fuerza, una fuerza brutal y te despiertas atrapada entre 4 paredes haciendo cosas que no te colman, por un sueldo escaso que solo alcanza para sobrevivir, dejándote llevar por la corriente de la rutina por la que circula el común de la gente, aquellos que también se dieron contra la muralla de la realidad y vieron sus sueños y añoranzas convertidos en humo. Te resignas, bajas la cabeza y sigues adelante pateando piedras... así me desperté hoy, pateando las piedras de la realidad, como ya dije, frustrada y resignada contando las horas que se hacen eternas en ese reloj gris que cuelga del muro...




No puede ser esto la vida, grito en mi interior... Entonces evoco esa carita hermosa que sonríe en mi recuerdo, que arruga su nariz y corre a mi encuentro con los brazos extendidos diciendo máma, máma... y me da un abrazo apretado y mil besitos... recuerdo, también, a ese hombre apuesto y amoroso que me acoge cada noche entre sus brazos y me murmura al oído cuando me ama, recuerdo la tibieza del sol en nuestras caras a orillas del calle-calle, o la brisa golpeando nuestro rostro en el hermoso Futrono, recuerdo las carcajadas que compartimos el domingo aquel en que la pequeña Antonia bailaba al ritmo de la radio e imitaba nuestros pasos, recuerdo todos los pequeños momentos que comparto junto a los que amo y la felicidad infinita que siento cuando nos acurrucamos los tres en la cama a dormir la siesta, cuando el tiempo se detiene y todo parece en paz y perfecto y digo ESTO ES VIDA, esto es lo que he conseguido, mis logros, mis triunfos y lo que realmente importa y me siento satisfecha, renovada y dispuesta a seguir soportando esto que ayuda a que lo otro sea posible.

viernes, 18 de junio de 2010

Mas alla de las olas y la niebla...

Tras los pasos prudentes hacia el mañana, hacia el futuro, hacia lo incierto, siempre va el tambaleante dudar de sí el siguiente movimiento nos llevara a lo que anhelamos y buscamos sin descanso “La ansiada felicidad” o si al menos encontraremos un grado de paz que nos permita disfrutar de los pequeños detalles que llenan nuestra vida y la hacen valiosa. El futuro se presenta como sombras difusas, niebla espesa que esconde el misterioso porvenir, nunca sabemos que realmente nos espera mas allá de las olas espesas del presente y vamos arriesgando vida, tiempo y sentimientos mientras nos adentramos en el turbulento mar del mañana, buscando tierra firme, siempre a tientas, pero seguros de que mas allá de la niebla encontraremos aquello que buscamos y que nos permitirá impulsarnos y seguir adelante, avanzando, superando y dejando atrás lo malo, para atesorar lo bueno.

Sin embargo, a veces, como hoy o como esta semana o quizás como este mes completo y tal vez aun más allá en mi vida, las fuerzas de estas gigantes olas del presente son tan poderosas que me arrastran a su antojo y me siento perdida en esa niebla, dando manotazos a locas, buscando pisar tierra firme en forma desesperada para encontrar estabilidad, paz, y así dar el siguiente paso sin caer en el abismo de la desolación y perder para siempre la cordura.

Particularmente hoy, la niebla se ha vuelto aterradoramente espesa y oscura, me envuelve y confunde, modifica las realidades y me ahoga, transforma las cosas mínimas en colosos monstruos amenazantes que me aterran y me dejan sin fuerzas, me paralizan y huyo, me escondo, me refugio, sin lograr ver la hermosa realidad que me espera allá lejos de este cruel escenario en que me veo obligada a caminar. Cierro los ojos y espero en silencio a que la bruma se disipe un poco, lagrimas silenciosas limpian mis ojos y un sollozo retenido por milenios escapa de mis labios, siento temor de extender mi brazo y que ese monstruo siga allí, acechándome, esperando para devorar mi cordura, me siento débil e ínfima, incapaz, cual niña asustada esperando a ser rescatada... me pregunto donde han quedado mis fuerzas, aquellas que me han permitido llegar hasta aquí, dejando atrás tantos pesares y problemas, esas que me sostienen y que ha otros ha sostenido, donde se fue, quien me la quito, quien la consumió... No lo sé, solo percibo este vacío en mi voluntad, este temor que me paraliza, que me torna vulnerable y pequeña, incapaz de alzarme y tomar las riendas de esta vida mía, que como todas tiene de tristezas y alegrías, de pesares y de risas... no es particularmente desgraciada o especialmente intrincada, sin embargo, hoy la percibo injustamente sobrecargada de problemas insolubles, mas no es eso lo que me angustia, si no mi propia vulnerabilidad, mis ganas de huir, de esconderme, de bajar los brazos y dejarme llevar por las olas mar adentro y perderme en su vaivén, ya no luchar, ya no ir tras nada mas que silencio, un infinito silencio que acalle mi mente tortuosa y dormirme en la corriente de este mundo, que hoy siento en mi contra.

Pero más allá de las olas, mas allá de la niebla, escucho primero el murmullo de una voz infantil llamándome “Mamá, mama”, luego una voz varonil que me nombra amoroso y que me insta a seguir, me recuerda que su mano firme me espera allá, que solo me basta extender mi brazo y el me atraerá hacia si y me confortara entre sus brazos, que solo falta un poco mas, que luche un poco mas y estaré con ellos en tierra firme, para recobrar las fuerzas, con ellos mis amores, mi vida, la de verdad, la que la niebla no me deja ver.

Un poco mas y podré ver mas allá de las olas, mas allá de la niebla.

martes, 6 de abril de 2010

Se nos movio la vida...

La madrugada aquella fue particularmente aterradora, instalados en casa de mis padres, alrededor de una vela esperando que las horas pasaran, tratando inútilmente de comunicarnos con nuestros seres queridos que no estaban presentes en aquella vigilia, escuchando en la radio del auto las magnitudes que había alcanzado el movimiento, el cual  se sintió prácticamente en todo Chile, sin lograr dimensionar completamente los estragos que había causado. Asustados y alertas, anhelantes de que llegara el día para, al menos, no estar sumergidos en la absoluta oscuridad sintiendo las mil réplicas que siguieron al gran sismo; con sueño pero demasiado aterrados como para recostarnos, esperando algo, sin saber exactamente que.

La mañana llegó al fin, extrañamente nublada, polvo en suspensión envolviendo la realidad, medio aislados del mundo por la falta de electricidad y sin comprender aun los inmensos daños que había causado en la mitad de Chile este gran terremoto grado 8,8.  

Conforme pasaron los días, fuimos enterándonos, entendiendo y espantándonos, del inmenso daño, no solo del terremoto, sino también del tsunami que afecto las costas chilenas, comprendiendo que había ocurrido una enorme desgracia en nuestro país, que muchos habían perdido todo, que otros muchos habían muerto y otros tantos estaban desaparecidos. La vida de todos había sido sacudida inevitablemente y nos costaría volver a la normalidad.
Yo me sentí enferma de pena, una pena profunda acompañada de temor y angustia, no podía dejar de pensar en aquellas vidas arrebatadas por el mar, esos hijos robados de las manos de sus madres que se perdieron en la oscuridad de las aguas, llantos en medio de la noche, gritos desesperados y desesperanza. Me aferraba a mi pequeña, imaginando el dolor de aquellos y lloraba, lloraba de impotencia, de dolor, de pena.
No me atrevía a volver a casa, aunque el edificio había soportado estructuralmente el sismo, el departamento estaba todo revuelto, todo estaba en el suelo, el televisor, los libros, todo lleno de vidrios y caos, desolador y atemorizante. Volvimos un par de veces, a buscar lo indispensable, pero sentía miedo, debieron pasar por lo menos 5 días antes de que me atreviera a regresar. Una vez en casa, debí sobreponerme a las réplicas, que durante los primeros días eran casi constantes, no pasaba un día sin que se nos moviera el piso y cuando no era la tierra la que vibraba eran nuestras piernas las que lo hacían,de pura sugestión. Yo sentía cada movimiento, por pequeño que fuera y me ponía de pie, alerta, lista para huir, con mi Antonia en brazos. Luego se fueron distanciando, dos o tres a la semana, unas suaves, otras mas fuertes, pero constantes recordándonos aquella aterradora noche, sin dejarnos descansar. Luego vinieron aquellas fuertes, el día del cambio de mando, 11 de Marzo para ser exactos, tres al hilo, la mas fuerte de 7,2 grados, aterrados huimos a tierra firme y con nosotros los vecinos que a esa hora estaban en casa, nuevamente escape a casa de mis padres aterrada. Y ahora cuando ya nos olvidamos de las réplicas, viene una con fuerza, el 04 de Abril por la noche, 11:32 pm, 4,8 grados con epicentro en Santiago, y estuvo precedida de un ruido aterrador, parecia que la tierra se abria, que nos tragaba, el miedo nuevamente, las ganas incontenibles de escapar, aunque no se bien donde.

Retomar nuestras rutinas luego del terremoto no ha sido sencillo, el temor se ha instalado en nuestras vidas y limita nuestras acciones y vivencias incluso hasta el día de hoy, cuando ya ha pasado mas de un mes. Las réplicas nos mantienen alertas y no nos permiten olvidar la noche aquella, estamos siempre expectantes y temerosos de que la tierra vuelva a remecerse con igual intensidad. No importa lo que señalen los expertos, en cada réplica pensamos que quizás sea un nuevo terremoto y nos ponemos en alerta, listos para correr escalera abajo; Incluso hemos diseñado un plan de escape, Cristian abre la puerta y toma a la niña, yo la manta y la linterna y bajamos, nada de retroceder sobre nuestros pasos, bajar, siempre bajar en busca de seguridad. Quizás por cuanto tiempo viviremos así, atemorizados, esperando sin comprender muy bien que esperamos. Quizás los mas afortunados, simplemente esperamos que la tierra se calme, que deje de vibrar y poder dormir en calma, pero hay quienes esperan poder reconstruir su hogar y los menos afortunados esperan que el mar les devuelva un ser amado...
Se nos movió la vida y aun sentimos las réplicas en nuestro día a día. Se nos movio la vida y para siempre

martes, 30 de marzo de 2010

El día en que la tierra temblo...

03:35 am, la noche en su estado más profundo, acurrucados en nuestra cama, los tres dormíamos profundamente, de pronto un ruido desde las entrañas de la tierra acompañado de un suave vaivén, nos sobresalta. Cristian prende la luz, nos miramos y sin mediar palabra nos ponemos de pie... esta temblando y la intensidad amenaza con aumentar. Mi pequeña Antonia se encuentra profundamente dormida, totalmente ajena a lo que sucede, suavemente la tomo entre mis brazos, en caso de que tengamos que arrancar. Recibo la orden perentoria de mi esposo "vístete" obedezco sin chistar, me arrebata a la hija de los brazos, el sismo aumenta en intensidad peligrosamente. Cristian corre a la puerta, solo para abrirla por que en estos casos es lo primero que se traba, le sigo de cerca. Al llegar a la puerta, Cristian percibe las cosas cayendo peligrosamente y casi por instinto decide bajar, me llama, creo haberlo escuchado pero no lo tengo claro, supongo que por ese llamado decido buscar una frazada para cubrir a la Antonia que dormía solo con piluchito. Me devuelvo por el pasillo hacia el cuarto de la hija, de pronto las luces parecen estallar y todo queda a oscuras, el vaivén del departamento me hace perder el equilibrio y comprendo que no podré llegar al cuarto, retrocedo al living. Cristian ya bajó, seguro de que yo lo seguía de cerca, lo llamo en la oscuridad pero no responde, siento terror, no logro sostenerme en pie y el ruido ensordecedor de la casa y la tierra crujiendo, sumado a las cosas que caen y se quiebran, todo en la oscuridad profunda, me atemorizan aun más. Sigo con la idea fija y casi irracional de conseguir una frazada, recuerdo el polar olvidado sobre el sofá y me acerco a tomarlo, la fuerza del movimiento me lanza al piso, y por primera vez en mi vida siento la certeza de que moriré. Tirada en el piso, sacudida violentamente, pienso "esto se cae y no alcanzare a salir, este es el fin, hasta aquí llegue" Dios mío ruego a gritos, solo permíteme estar junto a los míos, abrazar a mi esposo, cargar a mi Antonia, si vamos a morir que seamos los tres juntos... Siento terror, verdadero terror, pero no me paralizo, pienso en los míos, no se si están a salvo, quiero verlos, saberlos vivos, eso me da fuerzas y lucho contra el movimiento que sacude la tierra violentamente. Me levanto a duras penas, las cosas caen a mis pies, alcanzo la escalera y sin sentir el piso corro escalera abajo, llamando a gritos a Cristian y a mi Hija... Cristian me espera a los pies de la escalera, esta desesperado, me abraza, la luna llena y esplendorosa ilumina nuestros rostros pálidos de terror y confusión.

Se aglomera la gente a nuestro alrededor, nos instan a ir al centro de la plaza en busca de seguridad, el movimiento ha bajado de intensidad pero no cesa. A medio vestir, con la Antonia envuelta en la bendita frazada de polar, descalzo y aterrados, seguimos las instrucciones de aquel vecino que se ha alzado guía en la emergencia. Me siento aturdida, aterrada y murmuro "estamos vivos, estamos vivos, Dios mío, gracias", una y otra vez, casi para convencerme, incrédula de que la pesadilla haya terminado. Me tiemblan las piernas, me aferró a Cristian que extrañamente sereno sostiene a la Antonia acurrucada en su hombro divertida de la escapada en medio de la noche. Murmuro entonces los nombres de mis seres amados "Mamita, Papito, Pablo, Patty, Fernando, Johanna... los enumero uno a uno, en una oración no convencional y ruego ¡Oh Dios mío que estén bien!... por favor que estén bien", Mi cuerpo reacciona contra mi voluntad, una arcada me dobla, el pánico me da nauseas, me controlo por mi pequeña que me mira ansiosa, en su pequeña mente deduce que algo ha sucedido y nos abraza a los dos, apretadamente, no quiere que nos alejemos.

Los edificios sobrevivieron al movimiento, pero desconocemos los daños estructurales que pueda tener, Cristian trata de devolverse al departamento en busca del celular para tratar de comunicarnos con el mundo, pero no logra entrar, esta descalzo y el piso esta lleno de vidrios y cosas rotas, vuelve a mi angustiado. Abrazados los tres nos quedamos en medio del condominio, una oración en silencio, rogamos por calma, por que todos estén bien, por encontrar seguridad.
En medio de la oscuridad y el desorden siento que me llaman a gritos... veo pasar casi corriendo en dirección a mi departamento a Pablo, mi hermano menor... corro hacia él, lo abrazo, lloramos. Están a salvo, el y su familia y mis padres también. Quiere llevarnos a casa de mis padres, dice que mi mamá esta con un ataque nervioso, que necesita vernos y a decir verdad es lo más prudente. Suben con Cristian a casa, buscan lo esencial y huimos a casa de mis padres.
Así recuerdo aquella terrorífica noche, así fueron los hechos... así fue mi vivencia el día que la tierra tembló.

viernes, 19 de febrero de 2010

La noche sin luz...

Se cierne la noche silenciosa sobre nuestras cabezas, la oscuridad lentamente va invadiéndolo todo, todo va transformándose, mutando, las cosas adquieren dimensiones descomunales, las sombras llenan los espacios antes vacíos... y el silencio, el silencio ensordecedor consumiendo mi oxigeno... desespero. Me siento en el mullido sofá del living, mi hijita pequeña duerme serena entre mis brazos... ajena a los pesares, se abandona a mi abrazo y descansa, segura y feliz. Yo me acurruco a ella, busco su calor para entibiar mi alma, para reconfortar mi corazón.
Aquí dentro, es todo silencio y oscuridad, afuera la vida sigue su curso normal, los niños juegan, los padres ven televisión, todos van y vienen y yo, aquí, aplastada por esta escalofriante oscuridad, sola y en silencio. Siento pena de mi, pena por la situación que estamos viviendo, pena por mi pequeña, aunque ella nada sospecha, pena por mi esposo que trabaja hasta estas horas, pena y mas pena. Una lágrima silenciosa recorre mi rostro y luego otra y una tercera... me doy permiso para tenerme lastima, sin culpas, solo lastima por estos momentos difíciles que nos toca atravesar, no importa que sea nuestra culpa, igual duele, igual pesa, igual cansa. Lloro en silencio, desespero, siento lastima de mi... y la oscuridad amenazante se hace mas densa, mas dolorosa, mas real. Trato de pensar en algo peor que esto, mas injusto, mas terrible, mas desgarrador, mil cosas se me vienen a la mente... Haiti, los Judíos en la Alemania Nazi, la Nacha Abarca... todo terrible, mas que esta oscuridad, pero no me consuela, me siento miserable y siento lastima de mi, de nosotros, no puedo evitarlo, nos ha tocado pesado y tengo pena. Sentada en la oscuridad medito en mis haberes y mis faltas, mi mayor haber descansa serena entre mis brazos, el segundo viene en camino cansado pero sano, allá en su casa están mis padres y mas allá mis hermanos, todos a salvo... pero la oscuridad pesa y duele... no puedo evitarlo, me siento miserable, triste y hoy mis faltas pesan demasiado... Siento miedo, un miedo inexplicable a esta dolorosa oscuridad, a esas sombras que juegan caprichosas con mi imaginación, exacerbada por al soledad, miedo al silencio, al vacío, a quedarme con mi dolor a solas, me aferro a mi Antonia, a su calor, a su suave aroma a bebé y me calmo un poco... ya pronto llegará Cristian, ya pronto será mañana y la luz invadirá todo y podremos resolver este embrollo... pero esta noche, esta noche me siento miserable y lloro.

viernes, 27 de noviembre de 2009

La casa abandonada

Cada vez que paso por las afueras de aquella casa, me planteo la misma pregunta... ¿Qué historia esconde este abandono? y sin querer me sumerjo en historias fantásticas generalmente de pasión y drama.
Se encuentra en plena alameda, es grande y en su arquitectura deteriorada, se puede ver que alguna vez fue bella. Tiene dos pisos amplios y una mansarda, alguna vez fue azul y la acompaña un árbol añejo. Hace algunos años le taponaron el frente y solo se puede ver parte del segundo piso, pero antes se podía observar entera con claridad. Lleva años abandonada, la verdad no recuerdo haberla visto alguna vez habitada, cuando hago algo de memoria me parece que hace muchos años atrás funcionaba un jardín infantil en ese lugar, pero mas la recuerdo vacía y solitaria.
No se por que esta casa abandonada a su suerte me inspira desconsuelo, su imagen solitaria y triste sobresale de entre sus pares, es mas, su imagen la recuerdo perfectamente, pero me seria imposible nombrar que la rodea. ¿Qué historia esconde su abandono? Nadie abandona en estos días una casa así, es amplia y bonita, tiene una buena ubicación y sin embargo sus dueños han dejado que el deterioro la consuma. Pareciera que un incendio consumió algo de sus muros, pero no completamente ¿Será esa parte de su historia o habrá sucedido después del abandono? Algo me dice que entre sus muros se gesto una historia de locura y muerte; imagino que fue tan fuerte la trama de los hechos, que sus dueños (los que sobrevivieron a la catástrofe) prefirieron abandonarla a su suerte, sin siquiera ponerla en venta, simplemente abandonarla y con ella dejar atrás una historia dolorosa y lúgubre. Mi mente se disgrega y vuela entre fantásticas historias de amores contrariados, de hijos raptados o locuras fatales. Un día imagino que un pequeño niño rodó por las escaleras encontrando la muerte y que el dolor insuperable enloquecio a la madre que debio ser internada de por vida en un triste asilo y el padre vencido por la pena, cerro tras de si la amplia puerta y se marcho sin destino, dejando atras su hogar y recuerdos. O quizás algún esposo al volver temprano a casa, encontró a un tercero ocupando su cama y en un rapto de locura, ataco a esposa y amante, dándoles muerte violenta y luego huyo lejos, abandonando el lugar de sus pesares. O quizás una noche sin luna, la propietaria que había perdido la cordura y que mantenían encerrada en la mansarda, se escapo de su encierro y le prendió fuego con todos sus habitantes dormidos, transformando la bella casa en un infierno de fuego y llanto...

Esa solitaria casa abandonada me sobrecoge, me llena la mente y el corazón de angustia, me intriga su obstinado abandono de años, de tiempos dejada a su suerte. En medio de la vida ella parece detenida, estancada en el tiempo, muda testigo de quizás que descabellada historia de dolor. ¿Qué se esconderá tras el abandono? ¡Que dolor profundo, que loca historia, que desgarrador silencio se encierra entre esos muros carcomidos por el tiempo y la desidia.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Yo, mi esposo y su ex...

Tanta gente revuelta, de tantas partes de Chile y del mundo y sin embargo fue inevitable que de tanto dar vueltas no topáramos con algún vestigio de nuestro pasado que, bien sabíamos, revoloteaba a nuestro alrededor.
El viernes fue mi turno, un leve atisbo desde lejos, miradas cruzadas y un desprecio de parte del personaje aquel y fin de la historia; nada memorable ni anecdótico que contar, mas que el simple hecho de haberlo visto después de tantos años.
El sábado fue el turno de mi esposo, ya nos habían comentado que la famosa y renombrada ex de mi amor, andaba dando vueltas por el lugar y es mas, que había manifestado abiertamente a mi cuñada el deseo "sano e inocente" de ver a mi esposo y conocer a su hija, claro jamas menciono la sana intención de conocer a la esposa, pero bueno se le perdona.

Mi esposo ya contó su versión de los hechos, pero creo tener el derecho y mas aun, el deber, de contar como sucedieron efectivamente las cosas, o al menos como se "persivieron", percepción de la que mi esposo carece o dice carecer, para que los lectores puedan evaluar y juzgar la situación con todos los matices que posee.

Para comenzar no podemos dejar de hacer una leve reseña del pasado en común de estos personajes (Mi esposo y su "ex") osea, no podemos dejar de señalar que tuvieron una larga y tormentosa relación de ir y venir por parte de él y que termino definitivamente solo cuando "la esposa", es decir yo, apareci en su vida. Deducimos entonces, que esta relación pudo haberse extendido en el tiempo por muchos años mas e incluso hasta el presente si no hubiera sido por la feliz irrupción de la esposa, y es probable que por mucho tiempo la muchacha no perdiera las esperanzas de que una vez mas él volviera suplicante a sus brazos, como en tantas otras ocasiones. Cosa que se trasluce con la llamada que ella realizo al poco tiempo de casado del muchacho, y no fue precisamente para cambiarse de isapre, sino para contarle que había "huido" de un país vecino y de una relación amorosa, información que poco o nada podía interesar a mi esposo, pero que ella creyó pertinente de comunicar ¿porque? Pues no se necesita mucha suspicacia para deducir que su corazón aun no asumía que las cosas estaban irremediablemente rotas y no olvidemos que ya en aquella ocasión mi esposo peco de inocente invitando a la muchacha a "tomar tesito" a la casa. ¡Osea!

Ahora con todos los antecedentes pasemos al famosillo encuentro...
Caminaba la feliz familia tranquilamente, abriéndose paso entre el gentío, con la misión de fotografiar al bebé con algún distinguido extranjero, cuando de entre la multitud aparece ELLA, tomada de la mano de un joven nada de mal parecido. El saludo fue inevitable, estábamos frente a frente, además, yo siempre habia tenido la curiosidad de conocerla. La muchacha, demasiado contenta y emocionada soltó la mano del varón y se dirigió presurosa al encuentro de mi esposo, abrazándolo muy efusivamente. Yo, que sabia perfectamente de quien se trataba, sonreí amable y educada, esperando con mi hijita en brazos, a que me prodigaran igual de gentil saludo, pero debí conformarse con un nervioso beso en la mejilla. Intercambiamos saludos, presentaciones y formalidades. La muchacha olvido al "novio", que tampoco se digno a mostrar mayor interés en el recién llegado, y se aboco interesadisima a conversar con mi esposo y por defecto (u obligación) conmigo. De pronto de la nada aquella frase... "en la semana te estuve llamando..." esto despertó mis sentidos, no dejo de extrañarme la patudes con la que la muchacha confesaba delante mio y del novio, haber estado tratando de entablar comunicación con alguien que hace mucho no formaba parte de su vida. No pude menos que manifestar con mi rostro lo extraño que me parecía la confesión, cosa que la muchacha capto o quizas simplemente noto lo desafortunado que fue su exabrupto, por que rápida y nerviosamente trato de arreglarlo con una frase aun mas desafortunada..."No es que, mmm, es que te estuve llamando por que, la isapre me esta cobrando bla bla bla", no podemos olvidar que mi esposo cumple funciones administrativas en dicha institución, no es ni vendedor, ni el dueño, por lo que seria mucho mas sencillo para la muchacha comunicarse con un call center para pedir la atención que requería. Para mis adentros pensé "pero que patudes de parte de esta muchacha y que escusa mas tonta, pero bueno... " . Luego se hablaron de vanalidades no tan vanas, por ejemplo... ella "sigues tan chistoso como siempre..." ¿No suena acaso a demasiada intimidad? o cuando se le pregunto cuando se casaba titubeo, "mmm, aun no tengo fecha...mmm en marzo quizás o quizás en mmm octubre" o simplemente si me lo pides JAMAS???. No era necesario leer entre lineas, tampoco era necesario agregarle o quitarle, tampoco se podía culpar al novio por tener esa cara de ogro desde el otro extremo. La muchacha se notaba nerviosa y totalmente desentendida de su amor, demasiado ansiosa por el encuentro... Pero bueno pensé, que más da, es un encuentro casual, una anécdota, una cosa loca de parte de ella... todo habría sido algo anecdótico y de lo que me habría reído de buena gana si mi esposo al momento de despedirnos no hubiera dicho..."Bueno anota mi numero..." ¿¡¡¡¡Como???!!!! Escuchaba bien??? mi esposo acaso le estaba dando su teléfono?? y peor aun ella pensaba que era el celular el numero que le estaba dando cosa que quedo clara cuando dijo "A es de red fija!!!"... que??? osea que???? y al despedirse... Bueno te llamo en la semana!!! si llámame!!! ¿¿¿¿???? que???? como???
POr muy pasado que sea, por muy segura que me sienta del amor de mi esposo, por muy simpática que sea la muchacha o por muy buenos recuerdos que mi esposo guarde de ella OSEA!!!! No soy no tan madura, ni tan sensata, ni tan estúpida como para permitir que mi esposo reanude una amistad con dicho pasado ¿No creen? Tampoco soy tan ciega, no se necesitaba mucha perspicacia para ver que a ella aun le pasan cosas con él y que eso siempre sera un riesgo.
Mi Esposo culpa a su caballerosidad, a que no vio nada malo, a que no habla el lenguaje femenino y finalmente a que el no ve nada malo por que esta mas que seguro de sus sentimientos, pero díganme ustedes, no era digno de mandarlo a dormir al balcón!!!!????

jueves, 22 de octubre de 2009

La separación

Toco mi cara y la siento húmeda, no había notado que lloraba... las lágrimas se deslizan sin control ni voluntad, silenciosas surcan mi rostro y desahogan mi corazón. Esta pena que no pasa, esta pena que se adhiere a mi pecho y me deja agotada de tanto extrañar. Hasta ayer mi vida era otra, entre los seguros muros de mi casa, cuidaba de mi pequeña y la veía placidamente crecer, hasta ayer era feliz cuidando de mi hija y hoy debo separarme cada mañana de ella y se me desgarra el alma de tanto dolor. ¿Como sucedió?

Desde la ignorancia y la certeza de tener la razón, me observa despectivo y predispuesto a todo lo que diga... no necesita escuchar, ya sabe a lo que vengo y él no esta dispuesto a ceder. A todas mis angustias responde con un frío "es normal", mientras escribe quien sabe que en su computador. Cuando guardo silencio se voltea y me observa
- ¿Algo más? me interroga...
- ¿Que mas quiere saber? le respondo molesta...
Mueve la cabeza, "lo que quieras decirme" responde...
Me siento impotente, se que no me ha estado prestando atención, que ya dicto sentencia y basándose en su conocimiento y no en la experiencia (que no posee), ha decidido que "no tengo nada de nada". Me resigno. Las cartas ya están echadas, vuelvo al trabajo, me separo de mi niña.
Llore en silencio, sentí rabia e impotencia, nada de toda esa angustia oprimiendo mi pecho podía ser normal, no puede ser normal sentirse desesperada todo el tiempo y llorar sin sentido; no pueden ser normales aquellas largas noches en vela perseguida por fantasmas inexistentes, no puede ser normal sentirse así teniendo todo para ser feliz, sentir esta tristeza infinita mientras la razón te dice que es tiempo de sonreír. No puede ser normal temer perder de vista a tu pequeña, cuando sabes que esta en buenas manos. No, no podía ser normal, pero mi verdugo dijo que sí lo era y no me quedo más que asumir la realidad.
Durante tres semanas me prepare para el fatal momento, sopese lo bueno, lo malo y lo necesario, me expuse a palabras de apoyo y a arengas de esperanza, quise creer en todos aquellos que con la mejor de las intenciones, me decían que todo estaría bien, pero por dentro el miedo me asfixiaba. Fueron muchas noches en que la angustia me consumía y a ratos creía perder la razón.
Durante el día, miraba a mi pequeña jugar feliz y el corazón se me desgarraba pensando que su pequeño y seguro mundo se vería irremediablemente alterado en un par de días y que su mentesita no comprenderia por que de un momento a otro su mamita ya no estaba para mimarla. A ratos la levantaba en mis brazos y me la comía a besos llorando desesperada mientras le pedía infinitas disculpas por cambiar su vida así sin más, por no poder hacer nada o por haber hecho las cosas tan mal.
La culpa se transformo en mi compañera. Culpa por tener deudas que requerían que yo trabajara, culpa por no haberla criado mas independiente, culpa por no poder dejar el trabajo, culpa por tener que dejarla, culpa por no poder darle todo aquello que ella necesitaba, culpa, culpa, culpa... a ratos deseaba con desesperación que el día llegara, por que la espera me estaba matando, el temor a lo que sucedería, a su reacción, a la mía y a mil cosas mas... miedo, miedo, miedo... el miedo, la culpa, la angustia y la desesperación fueron mis entrañables compañeros esos eternos 15 días

Llegó el día y contrario a lo que esperaba, aquella noche dormí profundamente abrazadita a mi pequeña, amanecí despejada y serena, los mil preparativos previos a la separación, me consumieron y no tuve tiempo de pensar demasiado, ni de dejarme llevar por mi angustia, esto hizo que me sintiera extrañamente en calma... mis padres llegaron a la hora prevista y ya todo estaba dispuesto para el momento... enfrentaba uno de mis terrores mas grandes y me sentía extrañamente serena. La deje en brazos de mi madre, ella pareció extrañada pero no lloro, tenia sus ojitos adormilados aun, había despertado temprano, como presintiendo que algo sucedía; con extrañeza me observaba atentamente, me seguía con sus ojitos mientras yo me desplazaba de aquí para allá preparando los últimos detalles; a ratos mi hermosa niña, me sonreía desde los brazos de la abuelita, creo que pensaba que saldríamos a alguna parte o algo así...

Estaba todo listo y sin embargo, yo revisaba una y otra vez las mismas cosas, asegurándome que todo estaba bien o como simple escusa para no afrontar lo definitivo... aun recuerdo sus ojitos adormilados siguiéndome por la habitación y se me aprieta el pecho. Me dolía y ya no había nada que hacer... mi padre me arrastro fuera de la casa, mientras ella me observaba incrédula... me flaquearon las piernas, desapareció la falsa calma y sentí que me desmoronaba, estalle en un llanto desesperado y desgarrador que me doblo... confundido mi papá me sujeto y ayudo a bajar las escaleras, mi mamá me decía desde arriba que todo estaba bien, que la niña estaba tranquila, pero yo sentía que algo se partía dentro de mi.

Es difícil explicar la sensación que me embargaba, me sentía tan culpable por dejarla y por lo que ella podía estar sintiendo, me atormentaba pensar que se sintiera abandonada por mi y que no comprendiera lo que estaba sucediendo, quería poder explicarle cuanto la amaba y como sufría por dejarla, me dolía comprender que desde ese instante no había vuelta atrás, ya no tendríamos esos largos días de juegos y risas, que no cuidaría de ella, no le daría su comidita y mil detalles que implican ser mamá... sentía que no valía la pena este dolor, quería regresar y tomarla en mis brazos para no separarme jamas de ella, pero no podía y con el apoyo de mi padre amado y sintiendo el corazón se me desgarraba me separe de ella por primera vez en 8 meses.

Hoy estoy mas serena, pero la pena aun esta agazapada en mi pecho y mas de una vez me he marchado llorando de casa, durante el día la extraño con locura y cuando llego a casa solo quiero abrazarla y comérmela a besos, a lo que ella responde risueña. Por las noches quiero que duerma pegadita a mi, cosa que no es buena ni posible, pero mi corazón lo desea intensamente y aun me siento muy culpable por derivar mi obligación de madre en otras personas. Sin embargo, verla tan feliz, sanita y acomodada me tranquiliza el alma, ver como se entiende con su abuelita y que se contenta de vernos llegar (cosa que no sucedía los primeros días), ver que se siente segura y que cada día aprende cosas nuevas, que ya no llora cuando me voy y escucharla al teléfono jugar y reír, todo eso calma mis dolores, los apasigua, los adormece... aun mi anhelo es quedarme por siempre con ella, dedicarme a cuidarla me haría la mujer mas feliz del mundo, espero algún día poder hacerlo y que ella me perdone estos años de distancia...




Te amo hijita mía, te amo con todo mo corazón, eres mi vida, mi adoración...