lunes, 25 de octubre de 2010

Pesadillas

Algo extraño sucede, un virus o algo parecido esta invadiendo el mundo, no tengo percepción si es solo en mi país, mi ciudad o a escala mundial, pero siento instintivamente que el mundo tal cual lo conocemos esta a punto de desaparecer. No tengo claro que es, solo la sensación alarmante de que debo escapar y lo mas pronto posible y aunque no sé adónde, algo me dice que encontrare un lugar seguro mas allá. El tiempo apremia, debemos correr, tomo a mi pequeña y unas cuantas cosas indispensables y junto a mi esposo, echamos a correr desesperados, sin rumbo fijo, solo con la claridad de que debemos salir fuera de los limites de esta pequeña ciudad... corremos, corremos desesperados. Me encuentro con mi hermana que desesperada va por sus hijos al colegio, quiero que venga con nosotros, pero no podemos desviarnos, no podemos esperar, tenemos que pensar en la pulguita, con dolor nos separamos. Nosotros seguimos corriendo siempre conscientes de que algo, no sé que, nos pisa los talones, mucha gente corre a nuestro alrededor y eso me infunde aun más angustia y alarma, y corro, corro, corro desesperada, cargando a mi pequeña, sin mirar atrás.

A lo lejos se siente una enorme explosión, nos volteamos y con consternación descubrimos que la ciudad ha desaparecido en una enorme bola de humo. Han tirado bombas sobre la ciudad, seguro, para matar a los portadores de tan terrible mal. Seguimos corriendo, Cristian me muestra unas montañas silvestres y me dice que ahí esta la seguridad anhelada, nos adentramos en bosques espesos, siempre corriendo, siempre huyendo, recogiendo a nuestro paso cosas que nos parecen útiles, fruta, frazadas. Siento que llevamos horas corriendo, estoy cansada y ha punto de darme por vencida, pero Cristian me alienta, me muestra un pequeño claro y me dice que estamos próximos... le creo y sigo corriendo junto a él.

Llegamos a una casona en medio de la nada, extrañamente nos recibe un compañero de trabajo de mi esposo, nos da asilo, nos cuenta como van las cosas, el mundo entero es un caos, todos escapan a los campos, las ciudades han sido invadidas por una especie de “monstruos” portadores de un aterrador virus, las autoridades han bombardeado las ciudades más grandes, decenas, miles, millones de muertos, que dolor, pienso en los míos y lloro ¿dónde estarán? ¿habrán conseguido huir?...

Mucha gente desconocida, deambula por esta casa enorme, nos instalamos en un cuartito con mi pequeña, descansamos. De pronto, a lo lejos escucho la voz de mi hermana, salgo a su encuentro... es ella, nos abrazamos, esta a salvo junto a su familia. También llega mi padre, pero solo, le pregunto ansioso por mi madre, dice que estaba en casa y que no alcanzó a llegar donde ella antes de la explosión, pero ahora va ha volver por que le dijeron que aun quedaban sobrevivientes en las ciudades y esta decidido a ir por ella. Le sigo, me despido de mi hijita que me mira asustada y de Cristian, tengo que volver, no sé por que, siento que puedo encontrarla, me siento en la obligación.

Nos alejamos de la casona, y con ella de la seguridad y nos adentramos en un mundo de horror, mas allá de ese denso bosque todo es caos, gente muerta por las calles, mucho humo, destrucción y terror. Corremos desesperados, llamando a gritos a los nuestros, entre ruinas y cadáveres, buscamos a Fernando, a Pablo a José Luis y a mi Amada Madre. Ruinas y mas ruinas, caos, pavor... me invade un miedo maquinal que no logro dominar, solo corro, corro sorteando miles de obstáculos aterradores.

Cambio de escenario sin darme cuenta, a ratos voy por una carretera, luego estoy en una ciudad, y también en un barco donde encuentro un pequeño “tigger” que recojo pensando en mi pequeña, atravieso, asimismo, ríos y mares furiosos y oscuros, en uno de ellos, nos topamos con una pequeña isla de pasto y basura, sobre ella una carpa y dentro mi hermano Fernando con sus dos niños, la isla flota en aguas turbias y violentas, Fernando sostiene una escopeta en la mano y tiene un rostro extraño de pavor y determinación de defender a los suyos a como de lugar. Le pregunto por la Fanny (mi cuñada), no sabe nada de ella, él estaba en casa con los niños cuando paso todo y ella en el trabajo, piensa que esta muerta pero no quiere moverse de ese horrible lugar por que supone que ella iría por ellos allí. Le insto a que nos siga, no quiere, nos alejamos junto a mi padre, los veo diluirse en una espesa niebla, se me oprime el corazón, lloro, y sigo corriendo. Mas allá de seguro esta mi madre y es a ella a la que deseo llegar con desesperación, para poder reunirme otra vez con mi pequeña familia. Al paso nos sale gente con armas, que nos amenaza sin razón, todo esta en caos, las tiendas saqueadas, las casas destruidas, las personas lamentándose y nosotros continuamos en nuestra carrera frenética en busca de esa persona tan importante. En medio de la locura, vislumbro una tienda de zapatos, que tiene rota su vitrina, me agacho y recojo unas “chalitas” rosadas, hermosas, pienso en las patitas de mi niña hermosa desnudas acaso y me las echo al bolsillo, me siento culpable; pese al caos que reina, mi conciencia me acusa, pero no renuncio a ellas, no puedo dejar de imaginármelas en los piesesitos amados de mi Antonia.

Seguimos mas allá, entre ruinas, hasta que damos con el barrio. La villa esta en devastada, las casas en el suelo, algunas incendiándose, otras completamente destruidas, pero unas pocas, aun están en pie, y esa es nuestra esperanza, no permitimos que esta destrucción nos desanime, seguimos internándonos entre ruinas, nos metemos por los patios. Sin notarlo damos con la casa de Sara y sus padres, que extraño, su casa esta intacta o casi, la verdad le falta el techo, entro, nos unimos en un estrecho abrazo, que feliz me siento de verla viva a ella y su familia. Me cuenta mas detalles, el virus es mundial, pero ellos no quieren dejar la casa. Mi papá sube al baño, quiere ducharse, y aunque me parece extraño, me siento a esperarlo, repentinamente presiento algo malo, la casa no esta bien, le pido que baje, algo me dice que debemos escapar. Huelo gas... gas??? Papá gritó, baja, baja ya!!! Corrimos hacia fuera, la casa explota, quedamos tendidos en el piso, vivos pero a mal traer. No importa, debemos continuar, queda poco. Seguimos en nuestra delirante carrera, corremos, corremos hasta al fin llegar a casa de mis padres. Con pasmoso temor, abro la puerta y ahí esta mi madre sentada en el living, como esperando, tiene unos bolsos listos, comida, cosas que solo una madre como ella puede considerar. Mis padres se abrazan, y echamos a correr nuevamente en busca de los nuestros mas allá, en el bosque.

Agotada, sudorosa y asustada, recibo la mañana salvadora, junto a mi amor y mi dulce pequeña. Me doy cuenta que otra vez el terror invadió mis sueños.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Bajo tierra...

Encerrados en fondo oscuro y húmedo de la tierra esperan a que vengan por ellos. Silenciosos, taciturnos, temerosos del incierto futuro que se ha cernido sobre sus cabezas. Puede que mañana mismo desbloqueen la salida y puedan ver el sol brillar, puede que en un par de semanas den con su paradero y consigan arrancarlos de las entrañas de la tierra caliente, pero de igual forma es posible que se cansen de buscar inútilmente, y aunque están seguros que habrá quienes clamen por su vida e imploren por su rescate, también sospechan que pueden ser abandonados allí, en ese espacio exiguo, caluroso y oscuro, bajo metros incontables de tierra maciza y roca, cautivos, sepultados vivos.

Ellos saben que allá en la superficie se escribe su destino, y solo ruegan misericordia y esperan... esperan callados mientras en sus cabezas danzan, al son de la desesperación y la incertidumbre, miles de ideas y pesadumbres, en sus gargantas se encuentran atoradas las palabras que no dijeron a sus seres amados antes de partir rumbo a la faena, aquel te amo mezquino que siempre se niega a salir de los labios, aquella caricia esquiva, aquel perdón pendiente... pero quien iba a pensar que en fracción de segundos el cielo se iba a cerrar sobre ellos.

Como todos los días, habían abordado el camión que los conducía hasta las entrañas de la tierra, como todos los días habían tomado sus herramientas y cada cual se había dado a la tarea de arrancarle a la tierra sus preciosos metales, como todos los días pasaban sus horas sumergidos en las profundidades... hasta que todo se derrumbo sobre sus cabezas, dándoles el tiempo escaso de huir aun mas profundo, internándose desesperados en busca de seguridad y para cuando todo se hubo calmado, cuando la tierra se hubo asentado, solo había oscuridad y silencio... es verdad que trataron de desandar sus pasos, de buscar una salida, pero solo dieron con roca dura y oscuridad.
Tratan de no perder las esperanzas, de rato en rato, rompen el silencio con palabras de aliento, con palabras de esperanza, se pasean y se golpean las espaldas, tratando de reconfortar y reconfortarse pero, cuando las horas avanzan y el silencio los envuelve cada vez mas amenazador, piensan involuntariamente si sobre la tierra los habrán dado por muertos y los dejaran sepultados allí, en ese hueco húmedo y oscuro, y se preguntan, cuanto tiempo pasara antes de que la locura se apodere de sus mentes; ahora son todos camaradas, compañeros de labor y de desgracia, pero cuando la comida y el agua comience a escasear ¿serán capaces de mantener ese compañerismo desinteresado? Se miran involuntariamente recelosos, pensando quien cederá a la desesperación primero, si aquel mas joven muchacho, nuevo en estas faenas, no acostumbrado al aire denso y la oscuridad punzante, o aquel “viejo” de años de experiencia, pero de pulmones cansados y enfermos de tanto respirar este aire árido.

Y esperan a 700 metros de profundidad, se rearman, se organizan, se acomodan y esperan, durante 17 largos días simplemente esperan...

miércoles, 30 de junio de 2010

Esto es vida!!!

 Me tiene cansada todo esto... no sé que especialmente o por que particularmente hoy, no ha sucedido nada extraordinario (quizás sea eso mismo) Las mismas caras de siempre, los mismos problemas, todo intacto, como si el viernes hubiera puesto pausa y hoy play... ningún desafío, si no la misma rutina de hacer esto y aquello que poco aporta a nada o a nadie. El teléfono que suena sin cesar, mis superiores que quieren esto y aquello, irrelevante por lo demás y yo pensando en mi bebé hermosa que me extrañara al despertar, que esta en casa, calientita junto a su abuelita y de seguro al abrir sus ojitos dirá “máma” y su “Yaya” le dirá, no la máma no esta, anda trabajando y ella se conformará por que así son los niños y seguirá su día junto a esa abuela que tanto ama. Y yo seguiré aquí, atrapada con personas que me importan nada, ocupada en cosas insignificantes, contando las horas que faltan para regresar a mi hogar, sintiéndome miserable, frustrada y hasta quizás, un poco fracasada. Y es que en aquellos años en que la vida esta entera frente a ti, sueñas, piensas, crees, que te espera un futuro brillante, lleno de aventuras y desafíos, que con tus fuerzas e inteligencia te basta para conquistar el mundo, que llegaras lejos, cuan lejos desees, aunque a decir verdad, no tienes para nada claro adonde quieres efectivamente llegar. Y unos 15 años después, la realidad te golpea con fuerza, una fuerza brutal y te despiertas atrapada entre 4 paredes haciendo cosas que no te colman, por un sueldo escaso que solo alcanza para sobrevivir, dejándote llevar por la corriente de la rutina por la que circula el común de la gente, aquellos que también se dieron contra la muralla de la realidad y vieron sus sueños y añoranzas convertidos en humo. Te resignas, bajas la cabeza y sigues adelante pateando piedras... así me desperté hoy, pateando las piedras de la realidad, como ya dije, frustrada y resignada contando las horas que se hacen eternas en ese reloj gris que cuelga del muro...




No puede ser esto la vida, grito en mi interior... Entonces evoco esa carita hermosa que sonríe en mi recuerdo, que arruga su nariz y corre a mi encuentro con los brazos extendidos diciendo máma, máma... y me da un abrazo apretado y mil besitos... recuerdo, también, a ese hombre apuesto y amoroso que me acoge cada noche entre sus brazos y me murmura al oído cuando me ama, recuerdo la tibieza del sol en nuestras caras a orillas del calle-calle, o la brisa golpeando nuestro rostro en el hermoso Futrono, recuerdo las carcajadas que compartimos el domingo aquel en que la pequeña Antonia bailaba al ritmo de la radio e imitaba nuestros pasos, recuerdo todos los pequeños momentos que comparto junto a los que amo y la felicidad infinita que siento cuando nos acurrucamos los tres en la cama a dormir la siesta, cuando el tiempo se detiene y todo parece en paz y perfecto y digo ESTO ES VIDA, esto es lo que he conseguido, mis logros, mis triunfos y lo que realmente importa y me siento satisfecha, renovada y dispuesta a seguir soportando esto que ayuda a que lo otro sea posible.

viernes, 18 de junio de 2010

Mas alla de las olas y la niebla...

Tras los pasos prudentes hacia el mañana, hacia el futuro, hacia lo incierto, siempre va el tambaleante dudar de sí el siguiente movimiento nos llevara a lo que anhelamos y buscamos sin descanso “La ansiada felicidad” o si al menos encontraremos un grado de paz que nos permita disfrutar de los pequeños detalles que llenan nuestra vida y la hacen valiosa. El futuro se presenta como sombras difusas, niebla espesa que esconde el misterioso porvenir, nunca sabemos que realmente nos espera mas allá de las olas espesas del presente y vamos arriesgando vida, tiempo y sentimientos mientras nos adentramos en el turbulento mar del mañana, buscando tierra firme, siempre a tientas, pero seguros de que mas allá de la niebla encontraremos aquello que buscamos y que nos permitirá impulsarnos y seguir adelante, avanzando, superando y dejando atrás lo malo, para atesorar lo bueno.

Sin embargo, a veces, como hoy o como esta semana o quizás como este mes completo y tal vez aun más allá en mi vida, las fuerzas de estas gigantes olas del presente son tan poderosas que me arrastran a su antojo y me siento perdida en esa niebla, dando manotazos a locas, buscando pisar tierra firme en forma desesperada para encontrar estabilidad, paz, y así dar el siguiente paso sin caer en el abismo de la desolación y perder para siempre la cordura.

Particularmente hoy, la niebla se ha vuelto aterradoramente espesa y oscura, me envuelve y confunde, modifica las realidades y me ahoga, transforma las cosas mínimas en colosos monstruos amenazantes que me aterran y me dejan sin fuerzas, me paralizan y huyo, me escondo, me refugio, sin lograr ver la hermosa realidad que me espera allá lejos de este cruel escenario en que me veo obligada a caminar. Cierro los ojos y espero en silencio a que la bruma se disipe un poco, lagrimas silenciosas limpian mis ojos y un sollozo retenido por milenios escapa de mis labios, siento temor de extender mi brazo y que ese monstruo siga allí, acechándome, esperando para devorar mi cordura, me siento débil e ínfima, incapaz, cual niña asustada esperando a ser rescatada... me pregunto donde han quedado mis fuerzas, aquellas que me han permitido llegar hasta aquí, dejando atrás tantos pesares y problemas, esas que me sostienen y que ha otros ha sostenido, donde se fue, quien me la quito, quien la consumió... No lo sé, solo percibo este vacío en mi voluntad, este temor que me paraliza, que me torna vulnerable y pequeña, incapaz de alzarme y tomar las riendas de esta vida mía, que como todas tiene de tristezas y alegrías, de pesares y de risas... no es particularmente desgraciada o especialmente intrincada, sin embargo, hoy la percibo injustamente sobrecargada de problemas insolubles, mas no es eso lo que me angustia, si no mi propia vulnerabilidad, mis ganas de huir, de esconderme, de bajar los brazos y dejarme llevar por las olas mar adentro y perderme en su vaivén, ya no luchar, ya no ir tras nada mas que silencio, un infinito silencio que acalle mi mente tortuosa y dormirme en la corriente de este mundo, que hoy siento en mi contra.

Pero más allá de las olas, mas allá de la niebla, escucho primero el murmullo de una voz infantil llamándome “Mamá, mama”, luego una voz varonil que me nombra amoroso y que me insta a seguir, me recuerda que su mano firme me espera allá, que solo me basta extender mi brazo y el me atraerá hacia si y me confortara entre sus brazos, que solo falta un poco mas, que luche un poco mas y estaré con ellos en tierra firme, para recobrar las fuerzas, con ellos mis amores, mi vida, la de verdad, la que la niebla no me deja ver.

Un poco mas y podré ver mas allá de las olas, mas allá de la niebla.

martes, 6 de abril de 2010

Se nos movio la vida...

La madrugada aquella fue particularmente aterradora, instalados en casa de mis padres, alrededor de una vela esperando que las horas pasaran, tratando inútilmente de comunicarnos con nuestros seres queridos que no estaban presentes en aquella vigilia, escuchando en la radio del auto las magnitudes que había alcanzado el movimiento, el cual  se sintió prácticamente en todo Chile, sin lograr dimensionar completamente los estragos que había causado. Asustados y alertas, anhelantes de que llegara el día para, al menos, no estar sumergidos en la absoluta oscuridad sintiendo las mil réplicas que siguieron al gran sismo; con sueño pero demasiado aterrados como para recostarnos, esperando algo, sin saber exactamente que.

La mañana llegó al fin, extrañamente nublada, polvo en suspensión envolviendo la realidad, medio aislados del mundo por la falta de electricidad y sin comprender aun los inmensos daños que había causado en la mitad de Chile este gran terremoto grado 8,8.  

Conforme pasaron los días, fuimos enterándonos, entendiendo y espantándonos, del inmenso daño, no solo del terremoto, sino también del tsunami que afecto las costas chilenas, comprendiendo que había ocurrido una enorme desgracia en nuestro país, que muchos habían perdido todo, que otros muchos habían muerto y otros tantos estaban desaparecidos. La vida de todos había sido sacudida inevitablemente y nos costaría volver a la normalidad.
Yo me sentí enferma de pena, una pena profunda acompañada de temor y angustia, no podía dejar de pensar en aquellas vidas arrebatadas por el mar, esos hijos robados de las manos de sus madres que se perdieron en la oscuridad de las aguas, llantos en medio de la noche, gritos desesperados y desesperanza. Me aferraba a mi pequeña, imaginando el dolor de aquellos y lloraba, lloraba de impotencia, de dolor, de pena.
No me atrevía a volver a casa, aunque el edificio había soportado estructuralmente el sismo, el departamento estaba todo revuelto, todo estaba en el suelo, el televisor, los libros, todo lleno de vidrios y caos, desolador y atemorizante. Volvimos un par de veces, a buscar lo indispensable, pero sentía miedo, debieron pasar por lo menos 5 días antes de que me atreviera a regresar. Una vez en casa, debí sobreponerme a las réplicas, que durante los primeros días eran casi constantes, no pasaba un día sin que se nos moviera el piso y cuando no era la tierra la que vibraba eran nuestras piernas las que lo hacían,de pura sugestión. Yo sentía cada movimiento, por pequeño que fuera y me ponía de pie, alerta, lista para huir, con mi Antonia en brazos. Luego se fueron distanciando, dos o tres a la semana, unas suaves, otras mas fuertes, pero constantes recordándonos aquella aterradora noche, sin dejarnos descansar. Luego vinieron aquellas fuertes, el día del cambio de mando, 11 de Marzo para ser exactos, tres al hilo, la mas fuerte de 7,2 grados, aterrados huimos a tierra firme y con nosotros los vecinos que a esa hora estaban en casa, nuevamente escape a casa de mis padres aterrada. Y ahora cuando ya nos olvidamos de las réplicas, viene una con fuerza, el 04 de Abril por la noche, 11:32 pm, 4,8 grados con epicentro en Santiago, y estuvo precedida de un ruido aterrador, parecia que la tierra se abria, que nos tragaba, el miedo nuevamente, las ganas incontenibles de escapar, aunque no se bien donde.

Retomar nuestras rutinas luego del terremoto no ha sido sencillo, el temor se ha instalado en nuestras vidas y limita nuestras acciones y vivencias incluso hasta el día de hoy, cuando ya ha pasado mas de un mes. Las réplicas nos mantienen alertas y no nos permiten olvidar la noche aquella, estamos siempre expectantes y temerosos de que la tierra vuelva a remecerse con igual intensidad. No importa lo que señalen los expertos, en cada réplica pensamos que quizás sea un nuevo terremoto y nos ponemos en alerta, listos para correr escalera abajo; Incluso hemos diseñado un plan de escape, Cristian abre la puerta y toma a la niña, yo la manta y la linterna y bajamos, nada de retroceder sobre nuestros pasos, bajar, siempre bajar en busca de seguridad. Quizás por cuanto tiempo viviremos así, atemorizados, esperando sin comprender muy bien que esperamos. Quizás los mas afortunados, simplemente esperamos que la tierra se calme, que deje de vibrar y poder dormir en calma, pero hay quienes esperan poder reconstruir su hogar y los menos afortunados esperan que el mar les devuelva un ser amado...
Se nos movió la vida y aun sentimos las réplicas en nuestro día a día. Se nos movio la vida y para siempre

martes, 30 de marzo de 2010

El día en que la tierra temblo...

03:35 am, la noche en su estado más profundo, acurrucados en nuestra cama, los tres dormíamos profundamente, de pronto un ruido desde las entrañas de la tierra acompañado de un suave vaivén, nos sobresalta. Cristian prende la luz, nos miramos y sin mediar palabra nos ponemos de pie... esta temblando y la intensidad amenaza con aumentar. Mi pequeña Antonia se encuentra profundamente dormida, totalmente ajena a lo que sucede, suavemente la tomo entre mis brazos, en caso de que tengamos que arrancar. Recibo la orden perentoria de mi esposo "vístete" obedezco sin chistar, me arrebata a la hija de los brazos, el sismo aumenta en intensidad peligrosamente. Cristian corre a la puerta, solo para abrirla por que en estos casos es lo primero que se traba, le sigo de cerca. Al llegar a la puerta, Cristian percibe las cosas cayendo peligrosamente y casi por instinto decide bajar, me llama, creo haberlo escuchado pero no lo tengo claro, supongo que por ese llamado decido buscar una frazada para cubrir a la Antonia que dormía solo con piluchito. Me devuelvo por el pasillo hacia el cuarto de la hija, de pronto las luces parecen estallar y todo queda a oscuras, el vaivén del departamento me hace perder el equilibrio y comprendo que no podré llegar al cuarto, retrocedo al living. Cristian ya bajó, seguro de que yo lo seguía de cerca, lo llamo en la oscuridad pero no responde, siento terror, no logro sostenerme en pie y el ruido ensordecedor de la casa y la tierra crujiendo, sumado a las cosas que caen y se quiebran, todo en la oscuridad profunda, me atemorizan aun más. Sigo con la idea fija y casi irracional de conseguir una frazada, recuerdo el polar olvidado sobre el sofá y me acerco a tomarlo, la fuerza del movimiento me lanza al piso, y por primera vez en mi vida siento la certeza de que moriré. Tirada en el piso, sacudida violentamente, pienso "esto se cae y no alcanzare a salir, este es el fin, hasta aquí llegue" Dios mío ruego a gritos, solo permíteme estar junto a los míos, abrazar a mi esposo, cargar a mi Antonia, si vamos a morir que seamos los tres juntos... Siento terror, verdadero terror, pero no me paralizo, pienso en los míos, no se si están a salvo, quiero verlos, saberlos vivos, eso me da fuerzas y lucho contra el movimiento que sacude la tierra violentamente. Me levanto a duras penas, las cosas caen a mis pies, alcanzo la escalera y sin sentir el piso corro escalera abajo, llamando a gritos a Cristian y a mi Hija... Cristian me espera a los pies de la escalera, esta desesperado, me abraza, la luna llena y esplendorosa ilumina nuestros rostros pálidos de terror y confusión.

Se aglomera la gente a nuestro alrededor, nos instan a ir al centro de la plaza en busca de seguridad, el movimiento ha bajado de intensidad pero no cesa. A medio vestir, con la Antonia envuelta en la bendita frazada de polar, descalzo y aterrados, seguimos las instrucciones de aquel vecino que se ha alzado guía en la emergencia. Me siento aturdida, aterrada y murmuro "estamos vivos, estamos vivos, Dios mío, gracias", una y otra vez, casi para convencerme, incrédula de que la pesadilla haya terminado. Me tiemblan las piernas, me aferró a Cristian que extrañamente sereno sostiene a la Antonia acurrucada en su hombro divertida de la escapada en medio de la noche. Murmuro entonces los nombres de mis seres amados "Mamita, Papito, Pablo, Patty, Fernando, Johanna... los enumero uno a uno, en una oración no convencional y ruego ¡Oh Dios mío que estén bien!... por favor que estén bien", Mi cuerpo reacciona contra mi voluntad, una arcada me dobla, el pánico me da nauseas, me controlo por mi pequeña que me mira ansiosa, en su pequeña mente deduce que algo ha sucedido y nos abraza a los dos, apretadamente, no quiere que nos alejemos.

Los edificios sobrevivieron al movimiento, pero desconocemos los daños estructurales que pueda tener, Cristian trata de devolverse al departamento en busca del celular para tratar de comunicarnos con el mundo, pero no logra entrar, esta descalzo y el piso esta lleno de vidrios y cosas rotas, vuelve a mi angustiado. Abrazados los tres nos quedamos en medio del condominio, una oración en silencio, rogamos por calma, por que todos estén bien, por encontrar seguridad.
En medio de la oscuridad y el desorden siento que me llaman a gritos... veo pasar casi corriendo en dirección a mi departamento a Pablo, mi hermano menor... corro hacia él, lo abrazo, lloramos. Están a salvo, el y su familia y mis padres también. Quiere llevarnos a casa de mis padres, dice que mi mamá esta con un ataque nervioso, que necesita vernos y a decir verdad es lo más prudente. Suben con Cristian a casa, buscan lo esencial y huimos a casa de mis padres.
Así recuerdo aquella terrorífica noche, así fueron los hechos... así fue mi vivencia el día que la tierra tembló.

viernes, 19 de febrero de 2010

La noche sin luz...

Se cierne la noche silenciosa sobre nuestras cabezas, la oscuridad lentamente va invadiéndolo todo, todo va transformándose, mutando, las cosas adquieren dimensiones descomunales, las sombras llenan los espacios antes vacíos... y el silencio, el silencio ensordecedor consumiendo mi oxigeno... desespero. Me siento en el mullido sofá del living, mi hijita pequeña duerme serena entre mis brazos... ajena a los pesares, se abandona a mi abrazo y descansa, segura y feliz. Yo me acurruco a ella, busco su calor para entibiar mi alma, para reconfortar mi corazón.
Aquí dentro, es todo silencio y oscuridad, afuera la vida sigue su curso normal, los niños juegan, los padres ven televisión, todos van y vienen y yo, aquí, aplastada por esta escalofriante oscuridad, sola y en silencio. Siento pena de mi, pena por la situación que estamos viviendo, pena por mi pequeña, aunque ella nada sospecha, pena por mi esposo que trabaja hasta estas horas, pena y mas pena. Una lágrima silenciosa recorre mi rostro y luego otra y una tercera... me doy permiso para tenerme lastima, sin culpas, solo lastima por estos momentos difíciles que nos toca atravesar, no importa que sea nuestra culpa, igual duele, igual pesa, igual cansa. Lloro en silencio, desespero, siento lastima de mi... y la oscuridad amenazante se hace mas densa, mas dolorosa, mas real. Trato de pensar en algo peor que esto, mas injusto, mas terrible, mas desgarrador, mil cosas se me vienen a la mente... Haiti, los Judíos en la Alemania Nazi, la Nacha Abarca... todo terrible, mas que esta oscuridad, pero no me consuela, me siento miserable y siento lastima de mi, de nosotros, no puedo evitarlo, nos ha tocado pesado y tengo pena. Sentada en la oscuridad medito en mis haberes y mis faltas, mi mayor haber descansa serena entre mis brazos, el segundo viene en camino cansado pero sano, allá en su casa están mis padres y mas allá mis hermanos, todos a salvo... pero la oscuridad pesa y duele... no puedo evitarlo, me siento miserable, triste y hoy mis faltas pesan demasiado... Siento miedo, un miedo inexplicable a esta dolorosa oscuridad, a esas sombras que juegan caprichosas con mi imaginación, exacerbada por al soledad, miedo al silencio, al vacío, a quedarme con mi dolor a solas, me aferro a mi Antonia, a su calor, a su suave aroma a bebé y me calmo un poco... ya pronto llegará Cristian, ya pronto será mañana y la luz invadirá todo y podremos resolver este embrollo... pero esta noche, esta noche me siento miserable y lloro.

viernes, 27 de noviembre de 2009

La casa abandonada

Cada vez que paso por las afueras de aquella casa, me planteo la misma pregunta... ¿Qué historia esconde este abandono? y sin querer me sumerjo en historias fantásticas generalmente de pasión y drama.
Se encuentra en plena alameda, es grande y en su arquitectura deteriorada, se puede ver que alguna vez fue bella. Tiene dos pisos amplios y una mansarda, alguna vez fue azul y la acompaña un árbol añejo. Hace algunos años le taponaron el frente y solo se puede ver parte del segundo piso, pero antes se podía observar entera con claridad. Lleva años abandonada, la verdad no recuerdo haberla visto alguna vez habitada, cuando hago algo de memoria me parece que hace muchos años atrás funcionaba un jardín infantil en ese lugar, pero mas la recuerdo vacía y solitaria.
No se por que esta casa abandonada a su suerte me inspira desconsuelo, su imagen solitaria y triste sobresale de entre sus pares, es mas, su imagen la recuerdo perfectamente, pero me seria imposible nombrar que la rodea. ¿Qué historia esconde su abandono? Nadie abandona en estos días una casa así, es amplia y bonita, tiene una buena ubicación y sin embargo sus dueños han dejado que el deterioro la consuma. Pareciera que un incendio consumió algo de sus muros, pero no completamente ¿Será esa parte de su historia o habrá sucedido después del abandono? Algo me dice que entre sus muros se gesto una historia de locura y muerte; imagino que fue tan fuerte la trama de los hechos, que sus dueños (los que sobrevivieron a la catástrofe) prefirieron abandonarla a su suerte, sin siquiera ponerla en venta, simplemente abandonarla y con ella dejar atrás una historia dolorosa y lúgubre. Mi mente se disgrega y vuela entre fantásticas historias de amores contrariados, de hijos raptados o locuras fatales. Un día imagino que un pequeño niño rodó por las escaleras encontrando la muerte y que el dolor insuperable enloquecio a la madre que debio ser internada de por vida en un triste asilo y el padre vencido por la pena, cerro tras de si la amplia puerta y se marcho sin destino, dejando atras su hogar y recuerdos. O quizás algún esposo al volver temprano a casa, encontró a un tercero ocupando su cama y en un rapto de locura, ataco a esposa y amante, dándoles muerte violenta y luego huyo lejos, abandonando el lugar de sus pesares. O quizás una noche sin luna, la propietaria que había perdido la cordura y que mantenían encerrada en la mansarda, se escapo de su encierro y le prendió fuego con todos sus habitantes dormidos, transformando la bella casa en un infierno de fuego y llanto...

Esa solitaria casa abandonada me sobrecoge, me llena la mente y el corazón de angustia, me intriga su obstinado abandono de años, de tiempos dejada a su suerte. En medio de la vida ella parece detenida, estancada en el tiempo, muda testigo de quizás que descabellada historia de dolor. ¿Qué se esconderá tras el abandono? ¡Que dolor profundo, que loca historia, que desgarrador silencio se encierra entre esos muros carcomidos por el tiempo y la desidia.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Yo, mi esposo y su ex...

Tanta gente revuelta, de tantas partes de Chile y del mundo y sin embargo fue inevitable que de tanto dar vueltas no topáramos con algún vestigio de nuestro pasado que, bien sabíamos, revoloteaba a nuestro alrededor.
El viernes fue mi turno, un leve atisbo desde lejos, miradas cruzadas y un desprecio de parte del personaje aquel y fin de la historia; nada memorable ni anecdótico que contar, mas que el simple hecho de haberlo visto después de tantos años.
El sábado fue el turno de mi esposo, ya nos habían comentado que la famosa y renombrada ex de mi amor, andaba dando vueltas por el lugar y es mas, que había manifestado abiertamente a mi cuñada el deseo "sano e inocente" de ver a mi esposo y conocer a su hija, claro jamas menciono la sana intención de conocer a la esposa, pero bueno se le perdona.

Mi esposo ya contó su versión de los hechos, pero creo tener el derecho y mas aun, el deber, de contar como sucedieron efectivamente las cosas, o al menos como se "persivieron", percepción de la que mi esposo carece o dice carecer, para que los lectores puedan evaluar y juzgar la situación con todos los matices que posee.

Para comenzar no podemos dejar de hacer una leve reseña del pasado en común de estos personajes (Mi esposo y su "ex") osea, no podemos dejar de señalar que tuvieron una larga y tormentosa relación de ir y venir por parte de él y que termino definitivamente solo cuando "la esposa", es decir yo, apareci en su vida. Deducimos entonces, que esta relación pudo haberse extendido en el tiempo por muchos años mas e incluso hasta el presente si no hubiera sido por la feliz irrupción de la esposa, y es probable que por mucho tiempo la muchacha no perdiera las esperanzas de que una vez mas él volviera suplicante a sus brazos, como en tantas otras ocasiones. Cosa que se trasluce con la llamada que ella realizo al poco tiempo de casado del muchacho, y no fue precisamente para cambiarse de isapre, sino para contarle que había "huido" de un país vecino y de una relación amorosa, información que poco o nada podía interesar a mi esposo, pero que ella creyó pertinente de comunicar ¿porque? Pues no se necesita mucha suspicacia para deducir que su corazón aun no asumía que las cosas estaban irremediablemente rotas y no olvidemos que ya en aquella ocasión mi esposo peco de inocente invitando a la muchacha a "tomar tesito" a la casa. ¡Osea!

Ahora con todos los antecedentes pasemos al famosillo encuentro...
Caminaba la feliz familia tranquilamente, abriéndose paso entre el gentío, con la misión de fotografiar al bebé con algún distinguido extranjero, cuando de entre la multitud aparece ELLA, tomada de la mano de un joven nada de mal parecido. El saludo fue inevitable, estábamos frente a frente, además, yo siempre habia tenido la curiosidad de conocerla. La muchacha, demasiado contenta y emocionada soltó la mano del varón y se dirigió presurosa al encuentro de mi esposo, abrazándolo muy efusivamente. Yo, que sabia perfectamente de quien se trataba, sonreí amable y educada, esperando con mi hijita en brazos, a que me prodigaran igual de gentil saludo, pero debí conformarse con un nervioso beso en la mejilla. Intercambiamos saludos, presentaciones y formalidades. La muchacha olvido al "novio", que tampoco se digno a mostrar mayor interés en el recién llegado, y se aboco interesadisima a conversar con mi esposo y por defecto (u obligación) conmigo. De pronto de la nada aquella frase... "en la semana te estuve llamando..." esto despertó mis sentidos, no dejo de extrañarme la patudes con la que la muchacha confesaba delante mio y del novio, haber estado tratando de entablar comunicación con alguien que hace mucho no formaba parte de su vida. No pude menos que manifestar con mi rostro lo extraño que me parecía la confesión, cosa que la muchacha capto o quizas simplemente noto lo desafortunado que fue su exabrupto, por que rápida y nerviosamente trato de arreglarlo con una frase aun mas desafortunada..."No es que, mmm, es que te estuve llamando por que, la isapre me esta cobrando bla bla bla", no podemos olvidar que mi esposo cumple funciones administrativas en dicha institución, no es ni vendedor, ni el dueño, por lo que seria mucho mas sencillo para la muchacha comunicarse con un call center para pedir la atención que requería. Para mis adentros pensé "pero que patudes de parte de esta muchacha y que escusa mas tonta, pero bueno... " . Luego se hablaron de vanalidades no tan vanas, por ejemplo... ella "sigues tan chistoso como siempre..." ¿No suena acaso a demasiada intimidad? o cuando se le pregunto cuando se casaba titubeo, "mmm, aun no tengo fecha...mmm en marzo quizás o quizás en mmm octubre" o simplemente si me lo pides JAMAS???. No era necesario leer entre lineas, tampoco era necesario agregarle o quitarle, tampoco se podía culpar al novio por tener esa cara de ogro desde el otro extremo. La muchacha se notaba nerviosa y totalmente desentendida de su amor, demasiado ansiosa por el encuentro... Pero bueno pensé, que más da, es un encuentro casual, una anécdota, una cosa loca de parte de ella... todo habría sido algo anecdótico y de lo que me habría reído de buena gana si mi esposo al momento de despedirnos no hubiera dicho..."Bueno anota mi numero..." ¿¡¡¡¡Como???!!!! Escuchaba bien??? mi esposo acaso le estaba dando su teléfono?? y peor aun ella pensaba que era el celular el numero que le estaba dando cosa que quedo clara cuando dijo "A es de red fija!!!"... que??? osea que???? y al despedirse... Bueno te llamo en la semana!!! si llámame!!! ¿¿¿¿???? que???? como???
POr muy pasado que sea, por muy segura que me sienta del amor de mi esposo, por muy simpática que sea la muchacha o por muy buenos recuerdos que mi esposo guarde de ella OSEA!!!! No soy no tan madura, ni tan sensata, ni tan estúpida como para permitir que mi esposo reanude una amistad con dicho pasado ¿No creen? Tampoco soy tan ciega, no se necesitaba mucha perspicacia para ver que a ella aun le pasan cosas con él y que eso siempre sera un riesgo.
Mi Esposo culpa a su caballerosidad, a que no vio nada malo, a que no habla el lenguaje femenino y finalmente a que el no ve nada malo por que esta mas que seguro de sus sentimientos, pero díganme ustedes, no era digno de mandarlo a dormir al balcón!!!!????

jueves, 22 de octubre de 2009

La separación

Toco mi cara y la siento húmeda, no había notado que lloraba... las lágrimas se deslizan sin control ni voluntad, silenciosas surcan mi rostro y desahogan mi corazón. Esta pena que no pasa, esta pena que se adhiere a mi pecho y me deja agotada de tanto extrañar. Hasta ayer mi vida era otra, entre los seguros muros de mi casa, cuidaba de mi pequeña y la veía placidamente crecer, hasta ayer era feliz cuidando de mi hija y hoy debo separarme cada mañana de ella y se me desgarra el alma de tanto dolor. ¿Como sucedió?

Desde la ignorancia y la certeza de tener la razón, me observa despectivo y predispuesto a todo lo que diga... no necesita escuchar, ya sabe a lo que vengo y él no esta dispuesto a ceder. A todas mis angustias responde con un frío "es normal", mientras escribe quien sabe que en su computador. Cuando guardo silencio se voltea y me observa
- ¿Algo más? me interroga...
- ¿Que mas quiere saber? le respondo molesta...
Mueve la cabeza, "lo que quieras decirme" responde...
Me siento impotente, se que no me ha estado prestando atención, que ya dicto sentencia y basándose en su conocimiento y no en la experiencia (que no posee), ha decidido que "no tengo nada de nada". Me resigno. Las cartas ya están echadas, vuelvo al trabajo, me separo de mi niña.
Llore en silencio, sentí rabia e impotencia, nada de toda esa angustia oprimiendo mi pecho podía ser normal, no puede ser normal sentirse desesperada todo el tiempo y llorar sin sentido; no pueden ser normales aquellas largas noches en vela perseguida por fantasmas inexistentes, no puede ser normal sentirse así teniendo todo para ser feliz, sentir esta tristeza infinita mientras la razón te dice que es tiempo de sonreír. No puede ser normal temer perder de vista a tu pequeña, cuando sabes que esta en buenas manos. No, no podía ser normal, pero mi verdugo dijo que sí lo era y no me quedo más que asumir la realidad.
Durante tres semanas me prepare para el fatal momento, sopese lo bueno, lo malo y lo necesario, me expuse a palabras de apoyo y a arengas de esperanza, quise creer en todos aquellos que con la mejor de las intenciones, me decían que todo estaría bien, pero por dentro el miedo me asfixiaba. Fueron muchas noches en que la angustia me consumía y a ratos creía perder la razón.
Durante el día, miraba a mi pequeña jugar feliz y el corazón se me desgarraba pensando que su pequeño y seguro mundo se vería irremediablemente alterado en un par de días y que su mentesita no comprenderia por que de un momento a otro su mamita ya no estaba para mimarla. A ratos la levantaba en mis brazos y me la comía a besos llorando desesperada mientras le pedía infinitas disculpas por cambiar su vida así sin más, por no poder hacer nada o por haber hecho las cosas tan mal.
La culpa se transformo en mi compañera. Culpa por tener deudas que requerían que yo trabajara, culpa por no haberla criado mas independiente, culpa por no poder dejar el trabajo, culpa por tener que dejarla, culpa por no poder darle todo aquello que ella necesitaba, culpa, culpa, culpa... a ratos deseaba con desesperación que el día llegara, por que la espera me estaba matando, el temor a lo que sucedería, a su reacción, a la mía y a mil cosas mas... miedo, miedo, miedo... el miedo, la culpa, la angustia y la desesperación fueron mis entrañables compañeros esos eternos 15 días

Llegó el día y contrario a lo que esperaba, aquella noche dormí profundamente abrazadita a mi pequeña, amanecí despejada y serena, los mil preparativos previos a la separación, me consumieron y no tuve tiempo de pensar demasiado, ni de dejarme llevar por mi angustia, esto hizo que me sintiera extrañamente en calma... mis padres llegaron a la hora prevista y ya todo estaba dispuesto para el momento... enfrentaba uno de mis terrores mas grandes y me sentía extrañamente serena. La deje en brazos de mi madre, ella pareció extrañada pero no lloro, tenia sus ojitos adormilados aun, había despertado temprano, como presintiendo que algo sucedía; con extrañeza me observaba atentamente, me seguía con sus ojitos mientras yo me desplazaba de aquí para allá preparando los últimos detalles; a ratos mi hermosa niña, me sonreía desde los brazos de la abuelita, creo que pensaba que saldríamos a alguna parte o algo así...

Estaba todo listo y sin embargo, yo revisaba una y otra vez las mismas cosas, asegurándome que todo estaba bien o como simple escusa para no afrontar lo definitivo... aun recuerdo sus ojitos adormilados siguiéndome por la habitación y se me aprieta el pecho. Me dolía y ya no había nada que hacer... mi padre me arrastro fuera de la casa, mientras ella me observaba incrédula... me flaquearon las piernas, desapareció la falsa calma y sentí que me desmoronaba, estalle en un llanto desesperado y desgarrador que me doblo... confundido mi papá me sujeto y ayudo a bajar las escaleras, mi mamá me decía desde arriba que todo estaba bien, que la niña estaba tranquila, pero yo sentía que algo se partía dentro de mi.

Es difícil explicar la sensación que me embargaba, me sentía tan culpable por dejarla y por lo que ella podía estar sintiendo, me atormentaba pensar que se sintiera abandonada por mi y que no comprendiera lo que estaba sucediendo, quería poder explicarle cuanto la amaba y como sufría por dejarla, me dolía comprender que desde ese instante no había vuelta atrás, ya no tendríamos esos largos días de juegos y risas, que no cuidaría de ella, no le daría su comidita y mil detalles que implican ser mamá... sentía que no valía la pena este dolor, quería regresar y tomarla en mis brazos para no separarme jamas de ella, pero no podía y con el apoyo de mi padre amado y sintiendo el corazón se me desgarraba me separe de ella por primera vez en 8 meses.

Hoy estoy mas serena, pero la pena aun esta agazapada en mi pecho y mas de una vez me he marchado llorando de casa, durante el día la extraño con locura y cuando llego a casa solo quiero abrazarla y comérmela a besos, a lo que ella responde risueña. Por las noches quiero que duerma pegadita a mi, cosa que no es buena ni posible, pero mi corazón lo desea intensamente y aun me siento muy culpable por derivar mi obligación de madre en otras personas. Sin embargo, verla tan feliz, sanita y acomodada me tranquiliza el alma, ver como se entiende con su abuelita y que se contenta de vernos llegar (cosa que no sucedía los primeros días), ver que se siente segura y que cada día aprende cosas nuevas, que ya no llora cuando me voy y escucharla al teléfono jugar y reír, todo eso calma mis dolores, los apasigua, los adormece... aun mi anhelo es quedarme por siempre con ella, dedicarme a cuidarla me haría la mujer mas feliz del mundo, espero algún día poder hacerlo y que ella me perdone estos años de distancia...




Te amo hijita mía, te amo con todo mo corazón, eres mi vida, mi adoración...

domingo, 13 de septiembre de 2009

Olor a leche agria y sudor infantil...

Su pequeñita cabeza reposa segura sobre mi hombro, abandonada cae sin voluntad, se retuerce un poquito, se acomoda y se duerme profundamente...

Como en la mejor de las camas mi pequeñita se duerme, siento su calor pegadito a mi, siento todo su ser prendido de mi seno y el latir siempre presuroso de su corazón...¡Con que seguridad se abandona en mis brazos!!... de su cuerpo pequeñito emana un olor solo de ella, una mezcla de leche agria y sudor infantil, un delicioso aroma a bebé jugueton y saludable... mi corazón se acelera, mis ojos se nublan de lágrimas retenidas, una amor inmenso e indescriptible me revuelve el alma.

Mi hija amada duerme serena entre mis brazos y el mundo se detiene... ¡que nadie altere su sueño! dejenla que duerma pegadita a mi!!!... que se malenseña, que se acostumbra, que te quita el tiempo y que importa digo yo, si en un soplo los años se irán y mi pequeña se marchara en busca de su vida y me quedare con este hueco entre mis brazos... hoy dejenmela dormida aquí, pegadita a mi, que disfrute de su seguridad y yo de su calor y de ese aroma solo de ella, que me revuelve el alma...

Mañana mi niña sera adulta y otros brazos acunaran sus sueños... hoy es solo mía, dejenmela aquí acurrucada y feliz.

martes, 2 de junio de 2009

Insomnio

Reina la noche silenciosa, luces tenues iluminan las solitarias y frías calles, el mundo descansa del diario ajetreo y mi casa esta en penumbras, mi esposo duerme tranquilo desde hace un rato, mi pequeña hace media hora se rindió al cansancio y yo, yo estoy en vela... los misteriosos ruidos que envuelven la noche me sobrecogen, me acurruco al cuerpo de mi esposo, busco su calor, su resguardo, no se por que siento temor, no es la primera noche que me la paso despierta y sin embargo hoy siento miedo. Cerca de mi cama, el moisés donde duerme mi pequeña, ella descasa serena, tanto que a ratos no escucho su suave respiración, me asusto y me acerco despacito para verla respirar... ella esta bien, calentita, serena, dormida y yo en vela.

Cierro los ojos invitando al sueño que se niega a venir, estoy cansada, ha sido un largo día y siento el peso de la maternidad sobre mis hombros, pero no logro conciliar el sueño, mil cosas dan vueltas en mi cabeza. Una y otra vez calculo la hora en que debería despertar mi pequeña, a las 4:00 am en punto y miro el reloj sobre el hombro de mi dormido amor... solo me quedan tres horas de sueño antes de que despierte mi Antonia y suspiro. Quiero dormir, las primeras cuatro horas de sueño son cruciales, es cuando realmente descanso, pero no puedo y no entiendo porque. Otra vez me levanto a mirar a mi niña hermosa... se ve tan serena dormida ¡que ganas de sacarla de su cama y apretarla contra mi pecho! que hermosa que es, que dulzura, suavemente acaricio su carita, se mueve poquito, me sobresalto ¡no vaya a ser que despierte! y yo sin dormir nada. Vuelvo a mi cama, me acurruco a la espalda de mi esposo, reclama dormido, seguro estoy muy fría, lo tapo, se acomoda y sigue durmiendo y yo en vela.

Sueño esquivo que se me escurre en la oscuridad de la noche, quiero dormir y no puedo. Otra vez los cálculos, el tiempo transcurre, solo me quedan dos horas para que mi porotita despierte y deba atenderla, pasarla a mi cama y si no he dormido me sera imposible conciliar el sueño con ella entre nosotros... suspiro y cierro los ojos, repaso el día, la mañana estuvo agitada, corrí haciendo los quehaceres mientras mi pequeña reclamaba su tiempo, no almorcé, no me dio tiempo de cocinar, apenas termine con las labores y ya era hora de que ella comiera y durmiera, no quiso quedarse en su cunita, durmió en mis brazos... que mal enseñada la tengo, va a sufrir cuando tenga que volver a trabajar, que lastima, quisiera poder evitarselo... no quisiera volver a trabajar, quisiera quedarme junto a ella y verla crecer, que angustia me produce separme de ella, mi mente divaga sobre el momento en que deba dejarla, me angustia, aumenta mi desvelo... huyo de estos pensamiento y trato de volver al repaso del día, buscando el sueño esquivo... no almorcé, comí cualquier cosa por ahí y me detengo en lo mal que me estoy alimentando y en como he subido de peso, eso me deprime, me causa angustia, ya no reconozco mi cuerpo, todos los días me prometo hacer algo pero en eso me quedo, la ansiedad me gana, el hambre, el ajetreo y termino rompiendo mi promesa de comer sano, me angustio... doy vueltas en mi cama aun mas desvelada tratando de evitar estos pensamientos que me causan angustia. Pienso en mi pequeña, en lo hermosa que esta, lo mucho que ha crecido y en como ya me reconoce y sabe de mi, de su papá de su casa... trato de escuchar su respiración en el silencio de la noche, no se siente ningún murmullo, me levanto nuevamente para observarla, chiquitita esta dormida profundamente, que envidia si se ve tan tranquilita mi pequeñita y yo con este insomnio enloquecedor.
Vuelvo a la cama, no sin antes mirar el reloj que me amenaza con esos enormes números verdes, no entiendo como Cristian puede dormir con ellos siempre vigilandolo desde su velador... en fin, el duerme profundamente, ajeno a mi y a nuestra porota, que envidia, yo con este insomnio desolador. Me acomodo, saco cuentas, solo me queda una hora de sueño profundo y no puedo dormir, me acurruco, cambio de posición y sin notarlo me entrego al cansancio, dormito y lentamente me adentro al mundo de los sueños al fin
Mi porota comienza a moverse inquieta... son las 4:00 am

jueves, 9 de abril de 2009

El tiempo pasa...

Que extraño es percibir de pronto el paso del tiempo, descubrir que ya eres una MUJER, una ADULTA y que el mundo lo percibe así, que ya no eres considerada una muchacha como lo sientes en tu interior... y te miras al espejo, sacándote el velo que hasta ayer nublabla tu mirada y descubres que además, de esos odiados kilos de mas, están las arrugas incipientes asomándose a tu antes lozano rostro y que algo ha cambiado en tus ojos, la suma de la experiencia se acumula en ellos, lo sientas o no. No son pocos los años que he dejado atrás y las experiencias que he acumulado, pero la mayor parte del tiempo me siento como una "cabra chica" haciendo cosas de adulto.
Yo, joven e inocente, me sorprendo y ofendo cuando los adolecentes de 15 la tratan de tía y de usted, porque yo no siento la enorme brecha de edad entre nosotros, cuando la verdad cruel es que hace varios años deje de ser adolecente.

El otro día viendo un programa de tv, en la que dos mujeres de mundos opuestos compartian vidas, caí en cuenta de como me ven los demás y por ende de quien soy realmente. Estas dos mujeres tenían 33 años, es decir unos 8 meses mas que yo, ambas eran madres, una de una adolecente quinceañera y la otra de una bebe de 8 meses... al mirarlas, me sobresalte y le dije a mi esposo "¡¡¡¡Así me veo yo!!!!?????" y no es que se vieran viejecitas, solo eran ADULTAS, como esas que en colegio llamábamos "la vieja"; Mi amado trato de suavizar el impacto y dijo "Es que ella es una mujer de esfuerzo" ¡como si eso le aumentara la edad o como si yo hubiera estado estos 32 años en una burbuja sin trabajar o vivir!. Para colmo de los males, en los siguientes minutos de programa vino el toque final a mi desventurado descubrimiento, la que tenia la hija de 15 le dijo a la madre de la bebita "¿porque esperaste ser tan 'mayor' para ser mama?... MAYOR!!!! me horrorice yo, pero como? si yo apenas tengo una bebita de dos meses y no me siento nada mayor siendo madre, al contrario con la ignorancia de primeriza me he sentido demasiado joven e inexperta para tan enorme rol. jajajaja .
Desde ese día la edad y la adultes me persiguen, me acosan, por que he descubierto de rompe y porrazo que atrás quedo mi infancia, mi adolescencia y que la muchacha aquella que llevo en mi interior esta desfazada en el tiempo. Que soy toda una adulta, esposa, madre y mujer.
Para colmo de males, hace unos días por el facebook me contactaron unos compañeros de básica por que querían hacer una "junta" y querían contar con mi presencia. Muchas cosas me impedían asistir, entre otras que hace tantos años que no sabia de ellos ¿que tema en común podemos tener? y esto me llevo a calcular hace cuantos años que deje de verlos... hace nada menos que VEINTE AÑOS!!!!! VEINTE AÑOS!!!!! , VEINTE AÑOS una vida entera!!!! y al ver las fotos que publicaron luego de la "junta" y compararla con la de aquellos años me di cuenta de como ha pasado el tiempo, que chicos eramos, que inocentes!!!.
Pero no termina ahí mi calvario, otra compañera que me contacto me dijo sorprendida "pero si sigues igual" , ese alago un tanto fantasioso (que se agradece) me llevo a pensar... claro después de no vernos en 20 años, que me reconozcas en una foto es un milagro, por que esa niña que conociste dejo de existir nada menos que hace 20 años...
Que sorpresa me dio descubrir que el tiempo paso sin que yo me diera cuenta... loco que no lo notara antes si sacamos en cuenta que hace 18 años que me bautice, 16 años que salí del liceo, 11 que trabajo en ucm, 6 años me case y 2 que vivo en mi casa... es decir muchisimas vivencias por que han pasado muchisimos años.
Desde esta semana, en que descubrí mi verdadera edad, vivo con ella acuestas, tratando de asumirla, como quien asume una enfermedad mortal, por que ahora que ha llegado no se marchara nunca mas.

sábado, 28 de febrero de 2009

Primeriza

Esperamos tanto su llegada, durante eternos nueve meses, soñamos con el día en que estuviera al fin con nosotros... ver su carita, conocer su sonrisa y sentir sus manitas diminutas aferrandose a nuestro dedo. Ansiosos, temerosos y felices esperamos su llegada, hasta que llego al fin el día del maravilloso encuentro... El Lunes 02 de febrero vino al mundo una pequeñita hermosa de grandes y vivos ojos, frágil, pequeña y nuestra. Eramos padres al fin y al mismo tiempo OHH ERAMOS PADRES!!!

Recuerdo cuando la sentí entre mis brazos por primera vez, una hermosa pequeñita que me observaba curiosa... al verla, al sentir su frágil y pequeño cuerpo contra el mio y su boca ansiosa asiéndose de mi pecho, se despertó en mi un sentimiento tan enorme que abarco todo mi corazón, todo mi ser... un amor sin limites y una necesidad inmensa de protegerla, de acunarla y darle lo mejor de mi y de la vida. Es un sentimiento inexplicable el que nació con mi porota y que ha ido creciendo y madurando con el paso de los días, algo que no logro expresar en palabras y que jamas creí posible. Sus llantos llegan a lo mas profundo de mi alma y remueven mi corazón, haría cualquier cosa para calmar su agonía, su pena, su dolor; hay quienes ríen de mis aprensiones, es que no comprenden este sentimiento loco que llevo dentro de mi y que me une a esa pequeñita, que me mira con amor y confianza.

Muchas veces en este proceso de asumir la maternidad me he sentido impotente ante mi inmensa ignorancia de primeriza, sobrepasada por las múltiples necesidades de este ser que no puede expresarse mas que en sollozos y llantos, llantos que muchas veces no logro interpretar y desearía absorver todo el conocimiento de aquellas madres que me rodean y aconsejan para no fallar en esta enorme desafió de ser MAMA. A veces me siento perdida en un mundo completamente desconocido y me aterra saber simplemente NADA. La veo tan pequeñita a mi "pulguita" y tan necesitada de mi; Su diminuta persona esta entre mis manos y de mi depende su vida y futuro... eso se me vuelve una responsabilidad tan enorme que me aterra y muchas veces me he sentido superada y vencida, agobiada por mi ignorancia, de pie frente a algo totalmente desconocido, para lo que no estaba preparada y no hay manuales que nos digan como hacer bien las cosas. Todos dan consejos... "que has esto, que has aquello" o "que jamas hagas esto o aquello" y yo no se a quien escuchar o como escuchar tantas voces que se alzan y se vuelven sabios ante mi enorme ignorancia y pienso que lo mejor es oír, es poner en practica las voces de aquellos que han atravesado ya este camino y han salido airosos de tan difícil tarea, pero muchas veces se vuelve imposible poner en practica los consejos y me frustro, sintiéndome la peor madre del mundo.

Complejo esto de ser primeriza, esto de experimentar todo por primera vez y enfrentar algo tan enorme y de tanta responsabilidad, como es cuidar de la vida de mi amada pulguita, con tanta ignorancia a cuestas, con tanto desconocimiento y tener el deber de enfrentarlo e ir aprendiendo en el camino, caída tras caída y llena de miedos y dudas y aprensiones. Cada día es un desafío... que el pecho, que mudarla, que cambiarle la ropita, que cuidar su ombliguito, que los chanchitos, que darle el primer baño, que sus llantos y sobresaltos, que su vida frágil en mis manos inexpertas y asustadas. Tantas dudas ¿sentirá calor o tendrá frió? ¿le duele la panza? ¿Siente miedo? y yo sin las respuestas, andando a ciegas y peor aun, aterrada de equivocarme y hacerle daño. Uffff!!!! muchas veces me siento superada, sobre todo después de una larga noche de desvelo junto a mi porota, cansada e ignorante y debiendo enfrentar un nuevo día con todos sus desafíos y ella mirándome fijamente, frágil, desprotegida y yo sintiéndome impotente y quisiera correr, huir lejos de esa mirada que me conmueve.

Son tantas las dudas, tantos los temores y tanta la ignorancia que me acosa que muchas veces desespero, pero al observarle dormida serena y confiada entre mis brazos, gordita y sonriente imagino no estar haciendo tan mal las cosas ¿verdad? Ella luce saludable y feliz, es verdad que tiene algunas mañas inculcadas por mi... esta acostumbrada a los brazos, toma pecho cuando le place y le gusta dormir en brazos, pero a esta sana y feliz, por ahora eso es lo que importa... ya veré mas adelante como me las arreglo...


Primeriza soy y de seguro muchos errores cometeré en el camino y es probable que me arrepienta de muchas tonteras, pero con este inmenso amor que siento "no puedo fallar" ¿verdad?... eso me dijo mi querido hermano y sinceramente he decidido creerle y hacer mi propia receta en esto de criar a mi pulga, ya después corregiré las metidas de pata.

lunes, 9 de febrero de 2009

Su llegada...

Lunes 02 de Febrero, 08:00 am, Clínica Hospital del Profesor...

Estaba aterrada...

Aunque me había preparado mentalmente miles de veces para vivir el ansiado momento de traer al mundo a nuestra hija, al ingresar a pabellón me sentía aterrada; había repasado una y otra vez como seria el proceso y los preparativos médicos para dar la bienvenida a mi ansiada Antonia José... la anestesia, la camilla angosta, los rostros desconocidos observandome e invadiendo mi intimidad, la desagradable sensasion de que parte de mi cuerpo entrara lentamente al mundo de la insensibilidad y había prometido tener calma, dejar que todo transcurriera pensando en el "futuro", que implicaba tener a mi amada porota entre los brazos. Sin embargo, al enfrentar el momento al fin, me sentía aterrada, perdida y lejos de la única persona que me da fortaleza y valor. Temblaba, transpiraba frió y me aferraba a las manos piadosas de la matrona que intentaba calmarme... desesperada trataba de visualizar el rostro de mi esposo y sentir su mano tomando la mía para impartirme valor. Recostada en la camilla, con los brazos extendidos, conectada a maquinas con pitidos extraños, con un medico preguntándome como me sentía y viendo como otros, afanosos, trabajaban en mi vientre me sentía perdida y casi había olvidado el porque me encontraba en tan atemorizante situación. Para empeorar las cosas, una reacción adversa a la anestesia hizo que todo el cuadro se volviera aun mas estresante, en medio de las faenas comencé a tener arcadas incontrolables y el mundo se habría bajo mi espalda y sentía unas ganas locas de salir huyendo, se arrastrarme hasta la puerta suplicando auxilio.
Los médicos se apiadaron de mi e hicieron entrar antes de tiempo a mi amado esposo. Cuando el medico ordeno su ingreso, una luz de esperanza se instalo en mi pecho y sentí un poco de calma, al fin su rostro algo asustado apareció en la puerta y presuroso cogió mi mano temblorosa. En sus ojos normalmente en extremo serenos, se vislumbraba el terror y las incontrolables ganas de salir huyendo, pero resistió estoicamente e incluso fue capaz de grabar la llegada al mundo de nuestra hermosa hija.


Apretando con fuerza mi mano, loco de emoción y felicidad, decía casi gritando "¡Ahí viene, ahí viene! y yo sentía que mi corazón estallaba, poco importaba todo, llegaba al mundo nuestra ansiada hija, al fin nos conoceríamos, al fin la sostendriamos entre nuestros brazos... al fin después de largos nueve meses de incertidumbre y temores, veríamos concretados nuestros anhelos.

A lo lejos sentí un leve quejido, mínimo y de pronto un llanto fuerte y lleno de vida, mi hija había nacido y sus pulmones funcionaban a la perfección. Una calma indescriptible se apodero de mi corazón, de verdad ya nada importaba, de verdad me sentía fuerte y capaz de pasar mil veces por lo mismo con tal de sentir ese llanto delicioso. La trajeron junto a nosotros, aun sucia y asustada, Mi amor la sostenía entre sus brazos y yo la besaba ansiosa y observaba ese rostro hermoso, esos ojos profundos, y grandes mirando el mundo desconocidos. Mi voz lograba calmar algo su llanto y eso me hacia aun mas feliz, mi Hija me reconocía, nos reconocía... Se la llevaron para los examenes y su padre se fue con ella, pero yo ya no temía, ya estaba en calma y un amor nuevo, un sentimiento fuerte e ilimitado invadía mi corazón y me sentía capaz de cualquier cosa, cuando la trajeron aun estando yo en la mesa de operación, regaloneamos los tres, nos reconocimos, nos sumergimos en nuestro mundo y todo el resto desapareció... El, yo y ella reconociendonos, aprendiéndonos y comenzando nuestra vida de a tres...