martes, 30 de marzo de 2010

El día en que la tierra temblo...

03:35 am, la noche en su estado más profundo, acurrucados en nuestra cama, los tres dormíamos profundamente, de pronto un ruido desde las entrañas de la tierra acompañado de un suave vaivén, nos sobresalta. Cristian prende la luz, nos miramos y sin mediar palabra nos ponemos de pie... esta temblando y la intensidad amenaza con aumentar. Mi pequeña Antonia se encuentra profundamente dormida, totalmente ajena a lo que sucede, suavemente la tomo entre mis brazos, en caso de que tengamos que arrancar. Recibo la orden perentoria de mi esposo "vístete" obedezco sin chistar, me arrebata a la hija de los brazos, el sismo aumenta en intensidad peligrosamente. Cristian corre a la puerta, solo para abrirla por que en estos casos es lo primero que se traba, le sigo de cerca. Al llegar a la puerta, Cristian percibe las cosas cayendo peligrosamente y casi por instinto decide bajar, me llama, creo haberlo escuchado pero no lo tengo claro, supongo que por ese llamado decido buscar una frazada para cubrir a la Antonia que dormía solo con piluchito. Me devuelvo por el pasillo hacia el cuarto de la hija, de pronto las luces parecen estallar y todo queda a oscuras, el vaivén del departamento me hace perder el equilibrio y comprendo que no podré llegar al cuarto, retrocedo al living. Cristian ya bajó, seguro de que yo lo seguía de cerca, lo llamo en la oscuridad pero no responde, siento terror, no logro sostenerme en pie y el ruido ensordecedor de la casa y la tierra crujiendo, sumado a las cosas que caen y se quiebran, todo en la oscuridad profunda, me atemorizan aun más. Sigo con la idea fija y casi irracional de conseguir una frazada, recuerdo el polar olvidado sobre el sofá y me acerco a tomarlo, la fuerza del movimiento me lanza al piso, y por primera vez en mi vida siento la certeza de que moriré. Tirada en el piso, sacudida violentamente, pienso "esto se cae y no alcanzare a salir, este es el fin, hasta aquí llegue" Dios mío ruego a gritos, solo permíteme estar junto a los míos, abrazar a mi esposo, cargar a mi Antonia, si vamos a morir que seamos los tres juntos... Siento terror, verdadero terror, pero no me paralizo, pienso en los míos, no se si están a salvo, quiero verlos, saberlos vivos, eso me da fuerzas y lucho contra el movimiento que sacude la tierra violentamente. Me levanto a duras penas, las cosas caen a mis pies, alcanzo la escalera y sin sentir el piso corro escalera abajo, llamando a gritos a Cristian y a mi Hija... Cristian me espera a los pies de la escalera, esta desesperado, me abraza, la luna llena y esplendorosa ilumina nuestros rostros pálidos de terror y confusión.

Se aglomera la gente a nuestro alrededor, nos instan a ir al centro de la plaza en busca de seguridad, el movimiento ha bajado de intensidad pero no cesa. A medio vestir, con la Antonia envuelta en la bendita frazada de polar, descalzo y aterrados, seguimos las instrucciones de aquel vecino que se ha alzado guía en la emergencia. Me siento aturdida, aterrada y murmuro "estamos vivos, estamos vivos, Dios mío, gracias", una y otra vez, casi para convencerme, incrédula de que la pesadilla haya terminado. Me tiemblan las piernas, me aferró a Cristian que extrañamente sereno sostiene a la Antonia acurrucada en su hombro divertida de la escapada en medio de la noche. Murmuro entonces los nombres de mis seres amados "Mamita, Papito, Pablo, Patty, Fernando, Johanna... los enumero uno a uno, en una oración no convencional y ruego ¡Oh Dios mío que estén bien!... por favor que estén bien", Mi cuerpo reacciona contra mi voluntad, una arcada me dobla, el pánico me da nauseas, me controlo por mi pequeña que me mira ansiosa, en su pequeña mente deduce que algo ha sucedido y nos abraza a los dos, apretadamente, no quiere que nos alejemos.

Los edificios sobrevivieron al movimiento, pero desconocemos los daños estructurales que pueda tener, Cristian trata de devolverse al departamento en busca del celular para tratar de comunicarnos con el mundo, pero no logra entrar, esta descalzo y el piso esta lleno de vidrios y cosas rotas, vuelve a mi angustiado. Abrazados los tres nos quedamos en medio del condominio, una oración en silencio, rogamos por calma, por que todos estén bien, por encontrar seguridad.
En medio de la oscuridad y el desorden siento que me llaman a gritos... veo pasar casi corriendo en dirección a mi departamento a Pablo, mi hermano menor... corro hacia él, lo abrazo, lloramos. Están a salvo, el y su familia y mis padres también. Quiere llevarnos a casa de mis padres, dice que mi mamá esta con un ataque nervioso, que necesita vernos y a decir verdad es lo más prudente. Suben con Cristian a casa, buscan lo esencial y huimos a casa de mis padres.
Así recuerdo aquella terrorífica noche, así fueron los hechos... así fue mi vivencia el día que la tierra tembló.